17 de abril de 2017

Poema a pesar del HTML

Hombre mirando la pantalla de su ordenador con cara de aburrido
Foto por Devin Stein
El código HTML avanza indolente, como la peste, por la comarca ondulante de mi genio creativo. Por esos mismos territorios campaban anteayer a sus anchas, libres y despreocupados, ripios y estrofas. Etiquetas de apertura y cierre bloquean hoy la boca del volcán incontinente que solía vomitar nostalgias, anhelos y frustraciones, o simples ocurrencias salpicadas de voces manoseadas. Mi vocabulario intrépido ha devenido en insignificante significado cargado de semántica, mera palabrería que no alcanza -inútil lenguaje el HTML- a expresar la profundidad de mis ríos de lava.

Grande desazón me invade, que traducido en términos HTMLiánicos sería algo como:

<desazón>
Aquí debería habitar un poema,<br>
siquiera un desacompasado verso,<br>
mas un código semántico y tiránico<br>
se ha apoderado de mi expresión por entero.
</desazón>

Mi insondable lamento concluye con un absurdo:

</html>

9 de abril de 2017

Inocencio Espirituoso y el acomodador

Espectadores de cine con gafas 3D

A Inocencio Espirituoso no le gustaba nada dejarse conducir. Prefería pensar por sí mismo y buscar su propio camino; cuando no encontraba razones, se guiaba por su propio instinto. Era tozudo en su determinación, pues, según manifestaba a quien quisiera escucharle, "es de borregos caminar en rebaño, al paso que marca el pastor".

Una tarde remota, en el cine, allá por su juventud, un acomodador le espetó a la cara: "¡Sígame!". La orden no le cayó bien a Inocencio, pero en fin... Por no perturbar la tranquilidad del resto de espectadores, se resignó a ir en pos del hombre uniformado que, linterna en mano, le indicó con la lucecita la butaca en que debía sentarse. Obediente tomó asiento, sin un atisbo de protesta. Y eso que la enorme cabeza del espectador de la butaca de delante le impedía ver la pantalla. Quizá por el mero empeño de afianzar sus argumentos, aguantó allí sentado hasta el término de la película, furioso y contrariado, protestando mas que por dentro: "¿Para qué tuve que hacer caso a un estúpido acomodador, pudiendo elegir un mejor sitio por mí mismo?".

Aquella tarde de cine fue la única vez que Inocencio Espirituoso se dejó llevar por la voluntad de otro, en vez de por sus propias convicciones...

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