25 de septiembre de 2016

Un escarbador optimista

Rebuscador de basura sobre un camión, en Filipinas
Fotografía por Adam Cohn.
Me gusta rebuscar en el alma de la gente, como en un contenedor de basura. Los intereses propios se asemejan a las mondas de naranja y las raspas de pescado. A veces puedes encontrar algo valioso entre tanto desperdicio. Es por eso que me digo que soy optimista, porque, a pesar del hedor y las moscas, nunca dejo de escarbar. Y la verdad es que siempre termino dando con algo que alimenta mi espíritu. Por el momento, voy saliendo adelante, con esta forma de buscarme la vida...

El valor de ser tú mismo

Adolf Hitler durante una entrevista de trabajo
Adolf Hitler durante una entrevista de trabajo.
Infinidad de expertos enarbolan sus recetarios para enfrentarse a una entrevista de trabajo sin cuestionarse su eficacia, como si la mera repetición de las fórmulas de siempre las convirtiera en axiomas. Pero el hecho innegable es que, cuando participamos en un proceso de selección, lo más importante reside en nuestro elemento diferencial respecto al resto de candidatos. Es decir, el valor de nosotros mismos. En mi opinión, las viejas fórmulas repetitivas quedaron caducas hace tiempo.

Pero sigue siendo incuestionable que jamás se ha de mentir en una entrevista de trabajo. Las empresas, sobre todo, detestan la mentira, porque enrarece la atmósfera de confianza, que es uno de los pilares fundamentales en que se basa cualquier relación laboral. Por el contrario, la sinceridad está muy bien valorada. Sé tú mismo en todo momento: recuerda que la autenticidad es tu elemento diferencial.

Solemos cometer el primer error ya durante la confección del currículum. Ponemos, por ejemplo, una foto idealizada de cuando éramos jóvenes y pasables, que no nos representa en absoluto en la actualidad. A las primeras de cambio, en cuanto el entrevistador compara esa foto con el original, echamos por tierra todas sus expectativas.

En el currículum tendemos también a engordar nuestros conocimientos y experiencia. Todo lo contrario: por favor, abrevia. Piensa un poco y ponte en el lugar de la persona que evalúa toda esa montaña de currículums que se amontonan sobre su mesa. Lo más probable es que esté archiaburrida de leer a tanto candidato presuntuoso, pavoneándose de lo listo que es. Si tu currículum le hace pasar un buen rato te lo recompensará. ¿Has visto alguna vez uno de esos vídeos, breves y entretenidos, con que presentan a los concursantes de los realitys de televisión? ¿A que los concursantes nunca dicen que saben Word, ni Excell 2.0, ni nada parecido? Más bien declaman frases como "Soy un buen amigo de mis amigos" o "Al principio soy un poco borde pero cuando me abro soy una persona de puta madre".  O ésta otra, tal vez la mejor de todas, de "Lo siento si te jode, pero yo siempre digo lo que pienso, porque soy muy sincero". Aprovecha el par de páginas de tu currículum para transmitir la mejor imagen que tengas de ti. Ya hablarás de tu perfil técnico en la entrevista. Más que dar tanto detalle acerca de lo que sabes hacer, cuenta mejor una breve historia sobre ti. Te recomiendo que sea divertida: alguna anécdota que te pasó cuando estuviste en la cárcel, o sobre el lugar en que hiciste el amor por primera vez. Los asuntos turbios, el sexo lúbrico y las comedias románticas siempre funcionan. Te voy a dar un consejo: crea cierto suspense en la trama, sin llegar a dar todos los detalles de la historia. Por ejemplo, si alguna vez atracaste un furgón policial, nunca desveles en el currículum dónde escondiste el dinero. Así, el entrevistador, ansioso por conocer todos los detalles, te llamará para una entrevista.

Otro de los errores típicos que solemos perpetrar es querer aparentar lo que no somos. Nos disfrazamos para la entrevista con un bonito traje o vestido, ése que sólo nos ponemos en la fiesta de Nochevieja, para engatusar a algún pretendiente borracho. Nos tuneamos igual que hace un poligonero con su coche, porque queremos causar sensación y ocultar nuestra mediocridad. O lo que es lo mismo, transmitir la imagen de lo que no somos. Salvo que seamos la típica persona que va emperifollada a todas partes, en cuanto a la ropa, uno debe relajarse. Si acostumbras a estar en chándal todo el día, o en pijama o en chancletas, relájate. No se va a colapsar el mundo por que vayas vestido de sport o a tu aire. Si no usas perfume a diario, tampoco trates de impregnar el ambiente con fragancias montaraces que nada tienen que ver con tu esencia. De lo contario, darás pie a que te tomen por una buscona, o, en el peor de los casos, por el comercial de una funeraria. No trates de enmascarar tu propio olor corporal. Recuerda: sé tú mismo. Aun en cuestión de olores las empresas valoran, ante todo, la sincerad. Por supuesto que tampoco va a pasar nada si te tomas una ducha antes de ir a la entrevista: a fin de cuentas, casi todos nos bañamos alguna vez por semana.

Si no estás acostumbrado a hablar de usted, tutea al entrevistador. De lo contrario, resultarás poco natural. Siéntate relajado ante él, como si estuvieras en el sofá de tu casa, y cuéntale un chascarrillo de los tuyos, para romper el hielo. También puedes hablar del tiempo, o de la última cagada que hizo el presidente el Gobierno. Háblale de política: es buena para compadrear, pues en ese terreno todo el mundo tiene alguna opinión. Es importante que dirijas tú la conversación, en vez de esperar como un pánfilo las preguntas del entrevistador. Las empresas adoran a la gente con iniciativa.

Cuando estés seguro de haber distendido el ambiente, ve directamente al grano: pregunta cuánto vas a cobrar. A fin de cuentas, trabajas por dinero. Las empresas lo saben, por lo que no debes avergonzarte. Para ellas también es fundamental el aspecto económico; de hecho, intentarán pagarte lo menos posible. Es importante que lleguéis a un acuerdo cuanto antes. De lo contrario habréis desperdiciado el tiempo, tú y el entrevistador. Quizá seas una de esas personas ociosas a las que malgastar el tiempo le trae sin cuidado, pero piensa que las empresas detestan perderlo. El tiempo es oro para ellas. No olvides preguntar también si te darán algún otro tipo de bonificaciones, como cheques comedor, abono trasporte, cesta de Navidad... y de concretar tus días de vacaciones. Créeme: aborda cuanto antes todos esos temas. El entrevistador te lo agradecerá, y será un punto a tu favor. Si no estás conforme con lo que te quieren pagar te regresas por donde has venido y santas pascuas.

Si estás de acuerdo con la cifra, podría ser un buen momento para hacer alguna observación acerca de la bonita corbata del entrevistador, o de su horrible peinado, o de ése forúnculo mal disimulado de su nariz, que tanto te perturba. Tal vez el entrevistador te recuerde a alguien: pregúntale si es pariente suyo, esa clase de observaciones resultan muy entrañables -a menos que sea clavado al asesino de la baraja, claro-. Imagina que te está entrevistando una mujer de pechos prominentes, es un suponer. Podrías preguntarle si son naturales. Eso siempre funciona. Sean auténticos o implantados, la mujer se sentirá halagada con tu comentario. Si son de silicona, piensa en todo el dinero y la molestia que se habrá tomado para aumentar la talla del sujetador, como para que luego nadie se lo tenga en cuenta. Le caerás bien, porque sus encantos no te han pasado desapercibidos. Además, comprobará que no se te escapa ni una. Las empresas prefieren a la gente espabilada y observadora. Si eres mujer, o no, y sientes envidia de sus pechos, reconvierte tu sinsabor en algo positivo. Pregúntale dónde se los ha implantado, y cuánto le ha costado la intervención. Pídele que te permita tocárselos, que deseas tener unos iguales, coméntale que le quedan estupendos. Y si le quedan fatal díselo también, pues te tomará por una amiga verdadera. Está comprobado que la mayor parte de la gente encuentra trabajo por recomendación de amigos o conocidos.

Tampoco omitas comentarios del tipo "Me da a mí que eres un poco machista" o "Con esa falda pareces un putón verbenero". Las palabras sinceras, dichas desde el respeto, jamás pecan de indiscreción. Si el entrevistador es el propio jefe, o jefa, estarás de suerte, pues quedará encantado con tu sinceridad. Los jefes no soportan a los empleados pelotas y aduladores, que les dan la razón en toda circunstancia. Con tu franqueza te lo habrás metido en el bolsillo, porque le habrás dejado claro que eres una persona sin dobleces, en quien puede confiar.

A esas alturas de la entrevista ya habrás conseguido un clima favorecedor. Ha llegado el momento de saber en qué consiste el trabajo. Éste es el tema en que estarás más expuesto. Puede que el entrevistador te interrogue sobre si te ves capacitado para hacer esto o aquello. Recuerda: nunca mientas. No hay nada peor que decir un sí cuando luego no vas a saber hacer la tarea. Entonces tu nuevo empleo tal vez te dure una sola mañana. Más patética será una respuesta del tipo "Yo creo que sí sabré hacerlo". Pero por favor, si la inseguridad te está desmintiendo... Si no sabes hacer algo, simplemente di: "No tengo ni puta idea". Revalorizarte de inmediato es cosa simple, comparándote con Hitler: "Pero me siento preparado, como Hitler, que era un mediocre y mira a dónde llegó. Porque era un líder". Aunque tú odies a Hitler, o a Stalin, las empresas aman a los líderes. Tal vez no tengas madera de líder. Pero no estás mintiendo, porque tú no has dicho en ningún momento que seas un gurú espiritual, ni un filonazi. Simplemente, por asociación inconsciente, el entrevistador verá en ti a esa persona segura y positiva que anda buscando. Además, quién sabe si con el tiempo podrás llegar a ser uno de esos hombres hechos a sí mismos que, partiendo desde abajo, acaban manejando los hilos de su empresa... O del mismísimo planeta.

Ya es hora de que vayas preparando la despedida. Piensa en algo que realmente tengas que hacer: poner la lavadora, rellenar la quiniela, ir a comer a casa de tu suegra. Cualquier asunto que tengas pendiente te servirá de excusa para hacer mutis por el foro. Pero antes debes acordar, con el entrevistador, el día y hora a la que te va a llamar para comunicarte si estás seleccionado, o no, para el puesto de trabajo. Adviértele bien clarito que tienes cosas que hacer, y no tienes la menor intención de estar todo el tiempo pendiente del teléfono. A las empresas les gusta la gente ocupada y con ambiciones. Si por el contrario eres una de esas personas relajadas, considera que si te quedas a merced de los antojos del entrevistador podría llamarte, por ejemplo, a la hora de la siesta. Y no hay nada peor que responder al teléfono medio dormido, pues, además de que te sale una voz así como de ultratumba, uno no se entera de nada.

En resumen: debemos ser creativos y cuestionar los métodos arcaicos de enfrentarse a una entrevista de trabajo. Aunque la sinceridad sigue siendo un valor vigente e importante. Por eso, jamás de los jamases mientas, y procura ser tú mismo en todo momento.

Ten por seguro que si sigues mis recomendaciones conseguirás diferenciarte del resto de candidatos. Espero que estas claves que he querido compartir contigo te sirvan para encontrar trabajo. Uno de esos trabajos para gente como tú...

9 de septiembre de 2016

Borboteos otoñales

Hombre maduro caminando en pos de una mujer joven
Fotografía por Astrid Westvang
A Domingo, a quien los años se le estaban yendo de largo sin percatarse de cuán rápido habían volado, le dominaba el ímpetu otoñal de los que intuyen el declinar de su lozanía, una fuerza reverdecida que lo conducía, por los senderos del amor, con la misma imprudencia de un recién destetado de la infancia, y, aunque aquella fogosidad suya era del todo desaconsejable, para sus venas atascadas por el colesterol, tan desvalido e inerme se encontraba, frente al borboteo que le provocaba el ver pasar a tanta linda mujer de cerca pero sin poder catarla, que un día creyó atisbar la solución a la enfermedad crónica de su desamparo, y el remedio consistió en acudir a una agencia de emparejamientos especializada en casos de difícil solución como el de él; pero a las primeras de cambio se contrarió, porque la señorita que allí lo estuvo atendiendo, eso sí, con muy amables formas, le presentó a una candidata que no le pareció ni medio bien, pues, con todos los respetos, no es que tuviera nada Domingo en contra de las frutas maduras, pero aquella dama que en bandeja le sirvieron empezaba a estar ya un tanto pasada, aunque, eso sí, no más que él, y, ante esta queja tan desproporcionada, la que amablemente lo estaba atendiendo le dijo que, "a ver, qué espera, si la pretendienta que le pongo a tino pertenece a su mismo rango de edad y condición social, ni más ni menos", pero Domingo no quedó conforme y expuso sus argumentos, y resueltamente y sin ambages preguntó si no tendrían alguna otra candidata de mejor ver, en definitiva, y por no dar más rodeos, "una más joven, así como usted", le dijo a la señorita, y como quien no quiere la cosa aún tuvo el atrevimiento de preguntarle si estaba casada, a lo que la señorita de la agencia respondió, con la impavidez propia de su puesto y experiencia, que no era casada pero que tenía un novio joven, fornido y celoso, pero total que, además, y en resumidas cuentas, tanta curiosidad no venía al caso pues ella no formaba parte del muestrario de la agencia, y como entonces Domingo se empeñó en que le devolvieran el dinero que había adelantado por las gestiones casamenteras, la señorita le dijo que el dinero no se lo podía devolver, pero que le dejase un momento de introspección para pensar en algún apaño, y el remedio le cayó en las mientes como una revelación llovida de los cielos, de súbito, y éste consistió en que podría intentar buscarle candidatas más jóvenes si así lo deseaba, pero la dificultad de la misión exigiría una triple tarifa, y como adivinó a Domingo desconfiado y dudando si le convenía abonar el importe otra vez por adelantado, la señorita lo tranquilizó y le dijo que no se preocupara, que ya pagaría la cuenta cuando echase un ojo a las fotos de la candidatas, y sólo si es que alguna de las que iba a buscarle llegaba a ser de su agrado, así que Domingo quedó tranquilo y pasó luego toda una semana de inquietud a la espera, borboteándole como siempre la impaciencia por las arterias, mientras le llegaba el momento de conocer a aquellas jovencitas que le habían prometido, a ver si al menos una lo restituía de los sinsabores de su deambular estéril por los territorios inhóspitos del amor, hasta que por fin llegó el día en que le presentaron no a una candidata, sino a cien, con lo que Domingo no tuvo más que escoger, y ahí anduvo un buen rato entretenido, hasta que eligió, por foto, a una joven delgadita pero pechugona, como a él le gustaban, y cuando la telefonearon allí mismo y en el preciso instante la chica accedió a acudir a la agencia a no más tardar, tan solícita que Domingo no se lo podía creer, y cruzó los dedos por que se pareciera a la de la foto al menos en una cuarta parte, y cuando la vio entrar por la puerta no sólo se parecía como una gota de agua a otra, sino que la percibió como más acabada, con más accesorios y complementos, y puso Domingo una cara de estúpido como la de los enamorados, y le entraron unos pálpitos y borboteos tales que no colapsaron sus disminuidas arterias por puro milagro, de momento aguantaron, y cuando le preguntó el nombre a la chica ésta le respondió que se llamaba Tatiana, exactamente y ni más ni menos como había leído en su ficha, y cuando le propuso ir a comer un menú del día a un bar económico que él conocía, Casa Paco, Tatiana dijo que sí sin dudar, y aunque durante la comida la chica le pareció algo sosa, por lo monosilábico de su conversación, que incluso estuvo todo el rato entontecida con la pantalla de su móvil, como sin escucharlo, a Domingo no obstante le cayó simpática y aseada, y pensó que por fuerza también él debía haberle gustado a ella, porque cuando le propuso ir a su casa para tomar un copazo, y lo que surgiera, Tatiana accedió encantada sin oponer resistencia, y lo que terminó surgiendo después del güisqui seco, que tomó él, y del cubata que se ventiló ella, fue un amor carnal y desenfrenado muy parecido al que había venido soñando Domingo desde aquellos tiempos del destete, pero el romance fue una lástima por lo vertiginoso, ya que Tatiana, nada más consumar el amor, puso la excusa de que se tenía que marchar, y por más que Domingo le insistió que se quedase a echar la siesta la joven no quiso, declinó seguir compartiendo su tálamo íntimo, piel con piel, sueño con sueño, por lo que pensó Domingo que tal vez le había fallado en algo, mas Tatiana se despidió cariñosamente con un hasta más ver, y cuando la llamó al día siguiente, nada más amanecer, ella le dijo que lo sentía mucho en el alma pero que se lo había pensado mejor y que no estaba preparada para tanto amor desaforado, ni, en definitiva, enamorada de él, y ni siquiera con ganas de quedar como simples amigos para ir a los toros o a ver una película de cine francés, con lo que el pobre Domingo vio que su primer amor le duró menos que poco, y le costó sobreponerse al fracaso y ahí anduvo el hombre más de un mes, o más bien desanduvo el tiempo, dándole vueltas y revueltas a su desamparo, mientras lo aplastaba el peso de cada segundo, hasta que cayó en la cuenta de que para aliviar su desdicha bastaba con pasarse por la agencia de emparejamientos, a ver si la señorita que allí atendía le ofrecía alguna otra solución, y la señorita lo primero de todo le dio el pésame, y de ipso facto le ofreció a otras candidatas, todas jóvenes como a él le gustaban, las otras noventa y nueve que habían quedado en espera, descartadas por Domingo cuando terminó escogiendo a Tatiana; pero claro, por descontado que para elegir a una de estas noventa y nueve había que pagar otra vez la triple tarifa, así que no le cupo más remedio a Domingo que rascarse de nuevo el bolsillo, pero no sólo una vez, sino tantas que temió que con tanto gasto acabaría echando mano del plan de pensiones que tenía en depósito para cuando le llegara la edad de jubilación, y eso porque cada una de las noventa y nueve señoritas fueron pasando de largo, por su lecho, sin que floreciera la suerte de agradar por completo a ninguna de ellas, todas tan jóvenes, sí, y tan bellas, pero que no supieron o no quisieron corresponderle más allá de una sola noche desfogada, y que tampoco le proporcionaron el amor eterno que tanto anhelaba, aunque al menos cuando la lista de candidatas se agotó reapareció Tatiana, pues por lo visto accedía a verlo de nuevo y a concederle una segunda oportunidad. Tras pagar en la agencia matrimonial la correspondiente tarifa tripe, allá quedó Domingo con ella, en Casa Paco, esperanzado como siempre y con el amor borboteándole por esas venas enquistadas de colesterol...

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