28 de abril de 2016

Un cerdo obstinadamente libre

Cerdo ibérico en dehesa
Fotografía por Chema Concellón
Esteban era un cerdo cien por cien ibérico. Sobre todo se le notaba en los andares, y en su capa retinta, que le hacía sentirse diferente. Campaba a sus anchas bajo el encinar de una dehesa extremeña, sin más preocupación que la de escarbar la tierra en busca de raíces, o la de comer hierbas y bellotas que encontraba en sus paseos ociosos.

Pese a todo Esteban se sentía desdichado. Su vida empezó a carecer de sentido el día en que fue consciente de que su fin estaba marcado en un calendario. Más bien pronto que tarde, el mayoral vendría a buscarlo. Acabarían convirtiéndolo en jamones, y en otros subproductos de una matanza en que sería el protagonista. La aflicción le superó de tal modo, que desde entonces se le quitaron las ganas de vivir.

Porque en el fondo de su ser Esteban era un rebelde. Un ser nacido para ser libre. Le traía sin cuidado el destino que otros hubieran trazado para él. Si había de morir, sería él quien fijase la fecha. Si había de servir de alimento sería sólo a los gusanos...

Una tarde crepuscular de primavera Esteban se arrojó por el despeñadero. En su caída breve, aún le dio tiempo a escuchar el gorjeo suave y chirriante del rabilargo. Tras el golpe nada. Pero un instante antes se supo dueño de sí mismo. Libre para toda la eternidad...

15 de abril de 2016

El espejismo

 Refugiados caminando por la vía del tren tras cruzar la frontera de Serbia a Hungría, con la esperanza de llegar al corredor que, a través de Austria, conduce a Europa occidental
Fotografía por swns.com
Por terreno yermo vagan espíritus anhelantes. Dilapidan lo poco que les queda ya de una vida feliz y despreocupada. Ni puertas a las que implorar caridad encuentran a su paso. Sólo canchales que trastabillan su marcha, y un secarral peremne que agosta toda oportunidad para las lágrimas. Hitos de indolente piedra les disuaden de su empeño, señalándoles el tortuoso sendero hacia los acantilados. Mas ellos se resisten a tirar por los derroteros del suicidio colectivo. Tozudos como la sangre que aún riega sus venas, persisten en la misma dirección. Es la ruta hacia el espejismo que dibujan sus anhelos: el pálpito ingenuo de que, al otro lado de las alambradas, habitan los hombres y mujeres buenos...

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