31 de diciembre de 2015

Camina todo lo despacio que puedas

Una adolescente, un hombre maduro, y una anciana
Protagonistas de la película
Una pastelería en Tokio
Basta el murmullo del envoltorio de un caramelito -quejido de ánima mientras la retuerce otra ánima-, para descubrirte en medio de una escena dantesca. En la sala de cine, la última película de Naomi Kawase me acariciaba con susurros de brisa, silencios y rayos tibios de sol. Entonces irrumpió ese alma en pena, demonio transmutado en envoltorio de caramelo.

En Una pastelería en Tokio, ayer contemplé el transcurso de toda una vida condensada en algo menos de dos horas: la vida de ella que recién comienza el camino, indómita, risueña y fuerte, plena de esperanzas. La vida de él, quien ya ha sido zarandeado, doblegado por los acontecimientos, y que en medio de la travesía camina escéptico, arrastrando sin más los zapatos. La vida de ella, quien empezó su viaje hace mucho tiempo, tanto que ahora le queda poco por recorrer, pero a cambio recibe toda la sabiduría de la experiencia, del saber hacer. Que no es otra que la del caminar despacio y lento pero a un ritmo propio, deleitándose con el paisaje igual que la rama de un árbol cuando se abandona al arrullo del sol y los vientos...

La distancia es tan breve... Cuando Naomi Kawase cayó en la cuenta de ello se echó a llorar y no hubo forma de consolarla. Quizá esta vez nos quiso decir que la mejor opción es la de caminar todo lo despacio que nos sea posible...

29 de diciembre de 2015

Café solo y bien cargado

Taza de café
Foto por Ignacio Palomo Duarte
Si es que alguna vez las tomé, he perdido las notas al respecto de esta historia. Hago un esfuerzo por arrastrarla a la luz de mi memoria. Recuerdo que ella era jueza. Como temía que cualquier otro momento del día estaría abierto a demasiada aventura, habían concertado la cita a primera hora de la mañana. Una de esas citas a ciegas para amantes con vocación de desesperados. También creo recordar la obsesión de ella por el orden y la puntualidad. Tanto, que se le había convertido en un vicio incurable y pernicioso. Él, sin embargo, no es que padeciera del síndrome contrario, sino que su personalidad era inclasificable: todo le daba igual. Lo mismo dejaba todo recogido que por medio, o llegaba pronto o tarde, según se levantaba cada día. A veces era flexible, y en ocasiones intolerante. Era bipolar en cuanto a su modo de proceder.

Él acudió a la cita doblegado por los rescoldos de la resaca. Estuvo a punto de olvidarse, y si terminó asistiendo fue casi por casualidad. Iba tan perturbado, en el metro, de regreso a casa tras una noche de empapar en alcohol su vida mediocre, que se apeó en la estación equivocada. Entonces el recordatorio de la cita se le alumbró en la cabeza, como una bombilla intermitente y gastada. Dudó entre tomar el siguiente tren, que le conduciría a casa, o acudir al encuentro. La estación en que se había bajado le venía bien para el transbordo. Quizá fue ésa la única razón que lo llevó finalmente a decantarse por presentarse ante aquella mujer desconocida.

Cuando llegó, ella estaba a punto de marcharse. Se maldecía a sí misma, por haberse prestado al juego en que la habían metido sus sentimientos de soledad. Lo vio aparecer como quien ve un espantajo en una alucinación. El tipo llevaba los ribetes de la camisa salpicados de vómito. "¿Eres Arcadia?", le preguntó. "Sí, yo soy", le respondió, incapaz de eludir un comienzo de conversación que a todas luces no conduciría a buen puerto. Luego él hizo un amago de reírse de ese nombre suyo, tan raro, que la adornaba desde siempre, pero ni fuerzas le quedaban para ello. "Si no me tomo un café me moriré aquí mismo y tendrás que llamar a un juez para que levante mi cadáver". A ella le sobrecogió que hubiera mencionado una de las actividades que más detestaba en su profesión. Se disculpó e hizo un amago de marcharse, pero él la sujetó por el brazo: "Ya que he venido hasta aquí, quédate al menos hasta que me tome ese café. ¿Dónde cojones se ha metido el camarero? ¡Jefe, haga el favor de traerme un café, solo y bien cargado! ¿Qué vas a tomar tú?"

Ella no quiso pedir nada. Escudriñó las finas manecillas de su minúsculo reloj de pulsera, antes de dictar sentencia: "Está bien. Un café, pero luego me marcho". De nuevo el sentimiento de soledad debió gobernarla, y la amarró a la silla y le impidió huir. Él no era ningún experto en el arte de enredar a las mujeres, pero supo cómo alargar ese café toda una vida. Ella le perdonó todas sus manías. Salvo la de llegar tarde a todas partes, cuando le daba por abandonarse al azar de su voluntad...

28 de diciembre de 2015

Inocentes terroristas

Bebés en la sala de maternidad
Foto sacada de manilamommy.com
Al cruzarse con aquel bebé blando y sonrosado que no cesaba de llorar, Herodes se imaginó a toda una legión de recién nacidos perturbando la tranquilidad de sus sueños. Entonces pergeñó un argumento con el que persuadir hasta al más sensiblero de su corte: "Entre los tiernos infantes de aspecto inocente que acaban de venir a este mundo, podría haberse infiltrado algún terrorista potencial. Pasémosles a todos a cuchillo y evitaremos inconvenientes en un futuro".

Como todos en la corte tenían algo que perder, nadie se opuso a la razón que dio el rey Herodes. La matanza de inocentes comenzó a la mañana siguiente. El regusto de sangre que dejó, aún perdura en el ánimo de muchos hombres...

23 de diciembre de 2015

18 de diciembre de 2015

Arriba, parias de la tierra

Camarada Miguel
Foto tomada por Jose,
músico psicólogo de izquierda
y conserje en ratos libres
No soy monedita de oro, pa' caerles bien a todos" Comandante Hugo Chávez
En España todavía no se han alcanzado las condiciones propicias para convencer a las masas de la necesidad de una revolución definitiva. Estimo compañeros que, tras una nueva legislatura del Partido Popular, podríamos alcanzar fácilmente los objetivos que desde tiempos inmemoriales hemos venido persiguiendo. Calculo que bastarían sólo otros 4 años de Rajoy y su partido de saqueadores para tener al pueblo, digo a la ciudadanía, de nuestra parte.

Rajoy y los suyos son los auténticos revolucionarios, puesto que son el abono que estercola los campos en que germinarán las semillas revolucionarias. Cualquier otra posibilidad de gobierno que pudiera resultar de las urnas el próximo domingo, sin duda postergaría el sueño de la tan esperada dictadura del proletariado. La cuestión de fondo es: ¿probaturas a estas alturas, que con seguridad no conducirían a nada -entre nuestros camaradas podrían haberse infiltrado quintacolumnistas ávidos de poder y dinero-, o revolución asegurada no más allá de pasado mañana?

Por ello a todas luces veo que lo que más nos conviene ahora es que el Partido Popular nos desgobierne otros cuatro años. Ruego a todos los compañeros, o más bien os exijo en cumplimiento de vuestro inexcusable deber para con la Historia, que os sacrifiquéis en aras de la causa revolucionaria y el próximo domingo votéis todos por Mariano Rajoy.

¡Salud y revolución, camaradas!

Otros relatos