16 de septiembre de 2013

El Mini rojo

Estimados miembros de la ONG a la que me dirijo en este preciso instante y por este medio:

Mi nombre es Piluca, y me pongo en contacto con ustedes pues busco alguna organización a la que hacer un donativo en especie. Siempre a condición de que la donación me desgrave el IVA, ya que en estos momentos los impuestos me están suponiendo un gran inconveniente para mis gastos.

El asunto es el que sigue. Hace unos meses, justo en el día de mi cumpleaños, estaba departiendo tranquilamente con Mariasonsoles, mi compañera del departamento de marketing en la agencia. Para celebrar mi onomástica, disfrutábamos intensisísimamente de una reunión de trabajo, mientras tomábamos un refresco en el puerto deportivo de Vigo. Mariasonsoles tomó un gin tonic con unas gotas de angostura; en fin, lo de siempre. Yo pedí una Coca Cola. Light, por supuesto.

Me sucedió algo que casi no me lo pude creer. Hay momentos en la vida en los que parece que las cosas no ocurren porque sí, sino por algo. Ya empezaba a estar aburrida del automóvil que ahora tengo y, casualidades de la vida, si me lo dicen no me lo creo, en la etiqueta de la botella de Coca Cola anunciaban el sorteo de un coche. ¡Precisamente el coche que desde hacía algún tiempo tenía antojo de comprarme!: un Mini Cooper de color rojo, precioso, deportivo y coqueto. Vamos, una monada con ruedas.

Para entrar en el sorteo, tan solo había que enviar por SMS el código que estaba oculto detrás de la etiqueta. Hasta entonces nunca había creído en esas tómbolas que se hacen por mensajitos, me parecen pura engañifa. Y además, nunca me tocan. Pero es que el Mini Cooper es tan chic…

Mientras me tomaba la Coca Cola, ahí estuve dándole vueltas y vueltas al tema, mando el mensaje o no lo mando. La verdad es que no estaba prestando atención alguna a lo que me contaba mi compañera, no sé qué de una campaña que causó furor en el Festival de Cannes. “¡Ey Piluca!, ¿estás ahí?” -me reclamó Mariasonsoles-. “Jo, tía, perdona, es que no sé si enviar el mensajito del Mini Cooper que sortean con la Coca Cola”. Mariasonsoles me animó, es tan comprensiva, nos compenetramos tan bien... “A fin de cuentas no pierdes casi nada por enviarlo; sólo vale un euro” -me dijo-. Más IVA, claro…

Al final me dio la neura, y en un arrebato instintivo de los míos envié el SMS con el código. ¡Y lo más increíble es que el código salió premiado de inmediato, y me tocó uno de los Mini Cooper de color rojo! ¡Vaya regalito de cumpleaños!

Pero no terminan aquí las casualidades. Como cada año, fui a casa de mis padres para celebrar con la familia mi cumpleaños, que mi madre hace unas meriendas que te mueres. Papá me regala una cajita: no sé lo que es, ¿unos pendientes? La agito, qué será, qué será, abro la caja, ¿y qué hay dentro? ¡Dios mío, las llaves de un precioso Mini Cooper de color rojo que me está esperando abajo, en el garaje! ¡Dos Minis en un solo día, no me lo podía creer! Como una loca corro al ascensor, bajo al garaje, cojo el Mini que me acaba de regalar papá, y con la emoción voy y lo estrello contra una columna del aparcamiento. Bueno, tampoco lo descompuse demasiado, pero lo suficiente como para que ya no se pudiese descambiar.

Al cabo de dos semanas Mariasonsoles me acompañó, a la sede de Coca Cola, a recoger el otro coche. ¡Qué bochorno pasé, me tomaron unas fotos para un anuncio con los otros premiados! No deberían dejar conducir un Mini Cooper a gente tan vulgar, hace que una pierda todo su glamur.

Para colmo de males, desde que envié el SMS no paran de llegarme mensajes promocionales de concursos y politonos barriobajeros. Lo más fuerte es que no se pueden bloquear, aunque mi amigo Juancho dice que sí puede; ¡no le dejo yo a ése mi iPhone ni loca! Pero lo peor de todo es que ahora voy y me entero de que Hacienda me reclama el 50% por ciento del premio, para una vez que me toca... ¡A ver cuándo nos bajan los impuestos de una vez, que a los que tenemos más de dos duros no nos dejan ni respirar...!

Como ustedes comprenderán, dos coches iguales me suponen demasiado gasto. Pensé en vender uno de ellos, el que golpeé con la columna, claro. Pero haciendo cálculos, me dijo papá que con la devaluación por el golpe, y con lo que tengo que pagar a Hacienda, me trae más cuenta donarlo a una ONG, porque desgrava en la declaración.

Lo que he decidido es que tal vez podría donarles a ustedes el coche magullado. Que la verdad sea dicha, casi ni se nota deterioro alguno; bueno, un poco sí, pero no tanto. No les costará demasiado dejarlo como nuevo, y quizá podrían repercutir la reparación como un gasto más dentro de sus actividades. No les puedo presentar factura alguna del coche, porque mi padre necesita, para balancear las cuentas de su empresa, la del coche que me regaló. Ya hemos intercambiado el número de bastidor entre los dos coches, por si acaso luego nos ponen alguna pega los del seguro, si tenemos alguna avería. Los de la Coca Cola sólo nos entregaron la documentación del coche, sin facturas ni recibos.

Por eso les mando copia calca oculta de este email, y quedo a la espera de que me hagan una oferta por el coche, a ver cuánto me puedo desgravar en Hacienda. Vean que es una buena oportunidad para ustedes, y que si se lo piensan demasiado hay otras ONG que quizá puedan estar interesadas en el Mini Cooper rojo. Que si no lo venden les va a encantar tenerlo, es una preciosidad, y seguro que con el logo de su entidad queda muy bonito. Además, lo pueden aparcar en cualquier sitio, porque no es muy grande.

Atentamente:

Piluca, directora de marketing.

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