14 de mayo de 2011

Nadie escarmienta en cabeza ajena

Antes del desastre de la central de Fukushima pensaba que la energía nuclear era inevitable si queríamos seguir con el ritmo de consumo actual. Después del desastre pienso que las centrales nucleares deben cerrarse.

No es que antes de la crisis nuclear fuera un pro nuclear de tomo y lomo. Más bien, era excéptico en cuanto al cambio de hábitos de esta sociedad glotona en general y de energía en particular. Ahora pienso que más vale que termine la glotonería por la cuenta que nos trae.

Chernobyl fue un primer aviso serio, pero en al fin y al cabo todos pensamos que los soviéticos eran unos chapuzas. Pero el término chapuzas no lo asociamos a los japoneses, y ahora los hechos dan la razon a aquellos que presagiaban que la energía nuclear no era tan segura como algunos nos aseguraban (generalmente los que vivían de ella).

En los primeros momentos de la crisis nipona, todo apuntaba a una catástrofe nuclear inevitable. Los políticos que antes defendían la energía nuclear empezaron a modificar sus discursos y a apearse del burro en que antes cabalgaban cual Sanchopanzas del Apocalipsis. Ahora parece que los japoneses empiezan a controlar la situación, y me temo que volveremos a ver cómo algunos cambian de nuevo los discursos en la dirección contraria.

Nadie escarmienta en cabeza ajena. Desde luego, los japoneses, sí parecen haber escarmentando. Parecen dispuestos a asumir las consecuencias de una crisis energética, y poco a poco apagan sus reactores nucleares. Quizá otros ya no tengamos una segunda oportunidad...

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