29 de abril de 2011

Tema y anécdota

Cuando veo una película siempre me pregunto cuál es el tema de la historia. A menudo este tema principal queda enmascarado por las luces más espectaculares de las tramas secundarias, disimulado por aquello que yo llamo "la anécdota".

A veces no entiendo muy bien el sentido de la película, pero me ha sorprendido más de una vez descubrirla al desmenuzarle la historia a algún amigo. Al tener que narrar, mi mente intenta estructurar el hilo de lo visto y es cuando veo más claro el tema de la película.

No sé por qué me irrito cuando, a mi entender, veo que tema y anécdota se confunden fácilmente. Creo que a menudo no somos capaces de ver la ensencia de las cosas.

Por ejemplo, admiro las enseñanzas de los evangelios. Para mí el tema del Evangelio es el amor. Según este libro sagrado, Cristo llega a este mundo para enseñarnos el amor. "Amaos unos a otros, como si los otros fueran vuestros hermanos". Todas sus enseñanzas van en ese camino, y en el amor a Dios. Como demostración de su amor Cristo se deja crucificar, demostrando que ama hasta la muerte. Se sacrifica por amor. Para mí está claro que el tema es el amor, y el sacrificio y la crucifixión meras anécdotas de la historia evangélica. Sin embargo, parece que las religiones cristianas se empeñan en dar más importancia a la anécdota. Como ejemplo, ahí están las procesiones de Semana Santa, cargadas de dolor y sufrimiento. Hasta la cruz me parece un símbolo equivocado, más cercano a la anécdota que a la ensencia del amor. Señores cristianos, el tema de su libro es el amor, a ver si se enteran de una vez.

Me ocurre de forma similar con el comunismo. La esencia del comunismo es la igualdad: un mundo más justo y repartido para todos. Pero los comunistas enseguida trocan la búsqueda de ese ideal tan noble por la lucha de clases y el combate. Sirva como ejemplo toda la imageniría proletaria, más repleta de armas, puños cerrados y ballonetas caladas que de imágenes que simbolicen la igualdad. El comunismo arranca en un ideal bueno y finaliza en el odio del pelotón de fusilamiento y la purga de disidentes. Confunde el tema de la igualdad, por la anécdota de la lucha de clases, y se queda con la ira que provoca toda lucha armada.

Pienso que el ser humano es un poco ciego o prefiere no ver. Desgraciadamente, parece que el dolor y el odio nos atraen más que la generosidad y el amor...

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