28 de febrero de 2011

¿Y ahora qué?

Hace años, quizá en mitad de los 90, vi un documental sobre la revolución sandinista. Comentaba el ex-gerrillero nicaragüense Daniel Ortega que nada más terminar la revolución les surgió una duda que no les había surgido antes: "¿y ahora qué?".

Durante este mes de febrero, todo el norte de África se ha rebelado contra las dictaduras, o las dictaduras disfrazadas de democracia, que han tenido al pueblo con una bota en la cabeza durante las últimas décadas. Me ha resultado increíble como a veces basta una pequeña chispa para que el pueblo, antes aparentemente dormido, se incendie y se decida de una vez a tomar las riendas de su Historia. La gota que colmó el vaso fue la desesperación de un joven que le llevó a quemarse en Túnez porque la policía le había quitado las naranjas que por su supervivencia vendía en la calle. Después de eso la mitad del norte de África y otra parte de Oriente Medio ardió en llamas. Después de Túnez ardieron Egipto, Yemen, Bahrein, Libia...

Una vez más quedé sorprendido por mi candidez. Egipto o Túnez, países que yo pensaba que eran democráticos, de repente se descubrieron ante el mundo como feroces tiranías. Más bien diría que los acontecimientos me ayudaron a confirmar mi sospecha de que los medios occidentales distorsionan la realidad, y nos cuentan a cada rato lo que más les interesa contar. Sólo ahora comprendo por qué Egipto era el único aliado de Israel en la zona: Mubarak era un mantenido del país vecino. Nunca antes oí a ningún medio comentar algo al respecto. Por cierto, el estado de Israel se encuentra ahora a verlas venir, y no me extraña que se encuentren atemorizados.

Otro matiz que los acontencimientos me han regalado es la esperpética y absurda actitud de los tiranos aferrándose al poder. Y digo me han regalado porque me encanta la tragicomedia con tintes de surrealismo. El culmen de lo patético están siendo los discursos de Gaddafi. Su irá me recordó a la de los acorralados Ceauscescu justo antes de su muerte. Algunos ni con la soga al cuello dejan de morder.

Lo que me pregunto ahora es en qué depararán todas estas revoluciones. A río revuelto ganancia de pescadores. Por eso algunos temen que los grupos islamistas, mucho más organizados, aprovechen los acontencimientos para arrebañar gobierno y poder. Los que más gritan siempre son los que más acaban dejándose oír. Sería una pena que estos grupos le dieran la vuelta a la tortilla, porque en el fondo los pueblos musulmanes quieren lo mismo que todos: libertad, trabajo y bienestar.

Si Israel anda preocupado por quién será a partir de ahora sus nuevos vecinos, a occidente le preocupa más el tema energético. Escandaliza ahora ver en imágenes de archivo lo bien que era recibido Gaddafi por los dirigentes europeos. Cuando hay negocios de por medio a nadie importa que el dinero esté manchado de sangre y opresión. Ahora los discursos de la Unión Europea se tornan en contra de los tiranos: más vale posicionarse con las revoluciones que van a gobernar a partir de ahora. Hace tiempo que comprendí que la diplomacia consiste en callar lo que te puede perjudicar hasta que ya no te perjudica.

Como decía Daniel Ortega en aquel documental, "¿y ahora qué?". La gente tiene hambre e ilusión por la democracia, como si la democracia siempre viniera con un pan debajo del brazo. La reflexión positiva es que al menos en Europa podemos cambiar cuando se nos antoje al tirano de turno. Lo que siempre me desanima es que aquí siempre elegimos a uno de los dos tiranos candidatos que ya nos gobernaron. Qué tontos... Para mí lo único bueno de la democracia es que cada 4 años ponemos en la picota al tirano de turno. Lo estúpido del poder del pueblo es que cuando llega ese momento decidimos indultar al que hasta la fecha nos anduvo jodiendo. ¿Para llegar a esto, tanto revolución?

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