30 de enero de 2011

Ya soy mayor

Por fin ya soy mayor: a mis 40 años por fin me he decidido a volar fuera del nido. Vamos, que me he ido de la casa paterna, y ahora tengo un espacio propio, y más quehaceres y responsabilidades.

Entre otras cosas, paradójicamente, fue la crisis económica una de las causas que me empujó a buscar hogar propio. Dejé de confiar en los bancos, y temiendo perder mis ahorros me decidí a comprarme un trozo de casa. Si pude hacerlo fue también gracias a que con la crisis los precios de las viviendas bajaron. El resto de la casa de momento y por bastantes años será del banco. Por primera vez en mi vida debo dinero, y más que todo el que hasta ahora había logrado ganar.

De momento me apaño bien, y me temo que estoy engordando. Porque ahora como a capricho, ya que no me da demasiada pereza cocinar. Intentando recuperar la juventud que no volverá, y por eso de mantener la forma algún día que otro me he ido a correr al parque. Pero a mitad del trayecto han abierto una churrería que me tienta. Con lo que queriédome cuidar me descuido. Algo aceitosos los churritos, por cierto, pero muy ricos. La nueva churrería nunca llenará el hueco que dejó la de los hermanos Alonso, pero al menos lleno la barriga.

Ayer me quedé sin agua, y ya creía que me iba a estrenar con mi primera avería, qué drama. No hay mal que por bien no venga: fui a preguntar a unos vecinos que si tenían agua, y así tuve la oportunidad de conocerlos. Era avería general, así que me consolé como los tontos. Los técnicos no tardaron en reparar la avería.

He tenido que hacer un pequeño máster para manejar la lavadora, no porque sea yo nuevo en esos menesteres, sino por la complejidad de programas de la máquina. También seca la ropa, aunque de momento más que secar la calienta, por lo que he decidido ahorrar energía no utilizando esa función. Que la electricidad está muy cara. Aunque sí enchufo la tele y ahora puedo ver lo que me gusta, porque por fin tengo yo el mando: documentales, reportajes sobre el mudno, noticias y películas.

Y a propósito de la energía: en mi casa hace algo de frío, pero no tanto como en mi adolescencia, en que hasta la tarde no encendíamos la calefacción de carbón, y sólo en los días más fríos. Si te quedabas en casa a estudiar por la mañana tenías que ir bien abrigado o estar pegado al brasero o a una estufa que daba calor exagerado.

En mi nueva casa tengo radiadores de ladrillos refractarios, que se calientan de día cuando la electricidad me la cobran barata, digo menos cara, y luego expulsan el calor poco a poco. De momento no puedo conectar más que uno a la vez porque saltan los plomos. Debería contratar más potencia pero de momento no me da la gana por el planeta y eso...

"Eso" se refiere a no gastar dinero. Más que nada porque me tengo que comprar muebles y alguna cosa más, y pagar al señor del banco para que no se venga a vivir conmigo, y el agua, y el autobús, y el cole de los niños... Ah no, eso no, no tengo niños. Ni perro, ni gato. Pero ya tengo Internet, y puedo navegar. Y hasta escribir en el blog...

Historias de la edad de oro

Fotograma de la película "Historias de la edad de oro"
Fotograma de Historias de la edad de oro

Ayer fui a ver la película Historias de la edad de oro. Por lo visto, creo que más bien deberían haber traducido el título por Leyendas de la edad de oro, o incluso mejor por Leyendas urbanas de la edad de oro. Era una película compuesta de una mini serie de historias cada una de las cuales narraba una "leyenda urbana" de la última época de la dictadura comunista en Rumanía.

Por lo que he leído, en la última época de la dictadura de Ceaucescu la gente pasó muchas calamidades, y paradójicamente el régimen comunista la denominaba "la edad de oro".

Me encantan las tragicomedias, y a mí el comunismo siempre me ha parecido tragicómico. Por un lado está toda esa parafernalia de himnos, desfiles, y banderas llamando al pueblo a la lucha en defensa de la igualdad. He de confesar que me motivan esos himnos gloriosos y esas coreografías exaltadas. Y por otro lado está el pueblo, que vive una vida gris y calamitosa, mientras los cancerberos amargados del dictador de turno, es decir, la policía secreta, vigila cual inquisición que nadie pervierta los principios de la revolución. En los gobiernos comunistas todo el mundo se siente vigilado. Una película recomendable para los que aún sueñan con la utopía de la dictadura proletaria.

Ya digo que desde fuera todo me parece tragicómico, como en aquellas películas de humor del neorralismo italiano en que te reías con las absurdas estrategias que se montaba la gente para escapar de la miseria.

Y no menos surrealista y tragicómico me resulta el retrato de ese jerarca o burócrata que habla de nobles ideales cuando lo único que le importa es quedar bien y llenarse la barriga en la merienda de turno. También todo muy berlanguiano, y comparable al memorable Plácido.

Pues bien: las leyendas que componen Historias de la edad de oro son tragicomedias que narran el drama de gente sencilla que intenta escapar de una vida gris inventándose estrategias que sólo los desesperados son capaces de descubrir en un vertedero en el que apenas hay nada que rescatar que merezca la pena. La absurda obsesión del opresor y la estrategia del desdedichado y el más que probable descalabro componen la parte cómica. El resto es tragedia.

Algunas de las otras leyendas que componen la cinta son tierno drama y no tienen nada de comedia.

Me gustó mucho la película, es como si la hubieran hecho para mi gusto, para mi forma de ver el mundo. Voy poco al cine, pero cuando me animo y acierto con una película que me gusta me siento muy afortunado...

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