4 de julio de 2009

Libros electrónicos

En ocasiones me siento un visionario, aunque eso no es más que una fanfarronada, pues basta con mirar al pasado y al presente para, en muchas ocasiones, saber qué puede suceder en el futuro inmediato. En los últimos meses me obsesiona una de estas "visiones" de futuro: la llegada inminente de la era del libro electrónico...

En realidad el lector de libros electrónicos existe desde hace ya tiempo, aunque no tengo ni idea desde cuándo. Es un aparatito que sirve para leer documentos o libros electrónicos (ebooks) con la misma comodidad que si estuvieran escritos en papel. Cuando leemos en la pantalla de un ordenador nuestra vista se cansa, pero no ocurre lo mismo al leer en la pantalla de un libro electrónico (eso dicen), pues la pantalla no es autoiluminada, sino que utilizan lo que se llama "tinta electrónica". El texto se "imprime" en la pantalla cada vez que pasamos de página, y no consume energía mientras no pasemos a otra página. El texto no tiembla, se ve desde cualquier ángulo con total nitidez, y tiene el máximo contraste.

Si es cierta esta comodidad de lectura, me atrevo a predecir que se avecina toda una revolución industrial y cultural con la llegada de los libros electrónicos. Hay románticos que se empeñan en decir que como en un libro nunca se va a leer. Pero yo pienso que nadie querrá usar ya libros, pues la comodidad de uno de estos aparatitos es mucho mayor. Por ejemplo, podremos llevar montones de volúmenes en un solo paquetito, reducir todo el espacio que ocupan en nuestra casa los libros, leer documentos hipervinculados en los que unos enlaces nos lleven a otras partes relacionadas, o comprarlos o descargarlos gratis en cualquier momemento y lugar.

Imagino el panorama desolador que va a provocar el aparatito en todas las industrias o negocios que ahora tienen que ver con los libros: editoriales, industria del papel, vendedores, editores, papelerías, bibliotecas, imprentas, canales de distribución y venta... Creo que prácticamente toda la industria relacionada con el papel está a punto de desaparecer, y sus dirigentes deben estar ya echándose a temblar.

La llegada de este nuevo artilugio electrónico también tendrá una fuerte repercusión en la vida de los autores. Si hasta ahora algunos privilegiados con mucho talento o suerte eran capaces de sobrevivir y prosperar con el ejercicio de su pluma, no quiero imaginar de qué van a vivir cuando los lectores se descarguen de Internet sus libros favoritos sin pasar por caja. Creo que sólo los más vocacionales escritores se dedicarán a su oficio; el resto, tendrán que buscarse un trabajo extra para poder sobrevir sin apreturas...

Por lo que voy percibiendo en la Red, el libro electrónico está aún por evolucionar y bajar de precio, pero todo llegará, pese a quien le pese. Mi único temor es el riesgo de perder escritores entregados en cuerpo y alma a su oficio, pues sin escritores no habrá libros que leer, y la cultura quedará bastante resentida. Aunque imagino que en el futuro se tenderá a controlar toda descarga desde Internet sin permiso de los autores o de quienes viven a su costa, como comienza a hacerse ahora con la música.

También cabría la posibilidad de que tras la llegada del libro electrónico sólo sobrevivan los autores mejores, los más vocacionales y de más calidad, con lo que hasta vendría bien una selección natural de los escritores de mejor calidad.

A día de hoy, en estos tiempos de crisis, resulta paradójico ir a preguntar en las tiendas por estos aparatitos electrónicos y encontrarte con que están todos agotados. No sé qué va a pasar cuándo se den a conocer masivamente y todo el mundo pregunte por ellos. Seguramente la industria editorial esté ralentizando la introducción en masa de estos artilugios en nuestra vida cotidiana. Finalmente no podrán detener la tragedia que se les aviene, pero desde luego que los derechos de autor están en sus manos. Si ellos ni los autores dan su permiso para que se editen los libros en su formato electrónico, no tendremos libros electrónicos, con lo que de nada nos servirán los aparatitos que los leen. Aunque la guerra contra la piratería del papel ha comenzado, pues todo formato escrito en papel se puede transladar muy fácilmente a su equivalente digital.

Esta mañana pude por fin ver y tocar un lector de libros electrónicos físicamente. Imagino que la mueca que se dibujó en mi rostro fue similar a la de aquel hombre de las cavernas que un día se interrogó ante la utilidad del fuego. En cada momento de la Historia, cada hombre tiene ante sí un nuevo objeto que va a determinar su futuro. Ser consciente de este punto de inflexión en la forma de leer, me hace sentir un adelantado a mi tiempo. Y sin embargo, hace ya tiempo que el lector de libros digitales está más que inventado...

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