26 de mayo de 2009

Síndrome de diógenes

Cada vez que hago una compra guardo la bolsa de plástico por si luego me sirve para algo. El otro día observé que con esta manía había almacenado ya un montón de bolsas. Reflexioné. Caí en la cuenta de que nunca iba a necesitar tantas bolsas. Me imaginé a mí mismo como un mendigo con síndrome de Diógenes, acumulando basura y cosas absurdas en los años de mi vejez. Hice un repaso mental por otras cosas absurdas que guardo y que probablemente nunca me vayan a hacer falta.

El caso de más terrible desorden por acumulación es mi ordenador. Almaceno en los discos duros y en repetidas copias de seguridad en CDs y DVDs cualquier descarga que hago. Guardo música, películas, programas, fotos, documentos... Cualquier descarga probablemente la pueda conseguir en un futuro fácilmente desde Internet. Además, en el futuro las descargas presentes se habrán quedado obsoletas y las tendré que sustituir por otras más modernas. Sin embargo, acumulo montones de archivos por si algún día me hiciera falta.

Lo material me atrae y me domina sólo en parte. Pocas cosas me interesan en el presente. Pero soy esclavo de la duda de que pudieran serme útiles en el futuro. Es hora de vivir con lo prensente y guardar sólo un poco, lo imprescindible, para luego. Eso, o de lo contrario, enfrentar la vejez rodeado de basura inmunda de dudosa utilidad.

Otros relatos