26 de enero de 2009

De nada nos sirve ser adivinos

Como una nube negra la crisis ecónomica se cierne sobre España. En el patio político lo de siempre: los que no gobiernan acusan al Gobierno de no hacer nada ante la crisis; los que gobiernan acusan a la oposición de no proponer nada.

Y sin embargo, lo que ocurre es la crónica de una muerte anunciada: el fin de la supremacía del ladrillo como motor económico. Ni izquierdas ni derechas hicieron nada para sacar a España del monocultivo que fue el sector de la construcción. Como república bananera, ahora pagamos la factura de la monodependencia de un sector económico, y la crisis de liquidez internacional nos arrastra doblemente hacia el abismo...

Me pregunto si valen para algo los pronósticos de la ciencias económicas, si mientras que nos va bien preferimos mirar hacia otro lado. Miles de ciudadanos hipotecaron su futuro por 30 años, cuando hasta al más tonto de los tontos se le ocurriría pensar que 30 años es mucho tiempo para que las aguas de la economía discurran siempre tranquilas y sin sobresaltos. Quizá algunos no tuvimos otra alternativa que la de recurrir a la usura de los préstamos bancarios para ir tirando...

Esta vez todo estaba escrito, no en los astros, sino en el ejemplo que es la Historia. Cualquiera podría haberlo adivinado. Y sin embargo, con esta situación de crisis hasta aquí hemos llegado. Y lo que viene a continuación también parece que está escrito: desempleo, ira, xenofobia, morosidad, colas, llantos, paternalismo, endeudamiento del Estado, huelgas, división, robos... ¿Quebrarán los bancos? ¿Quebrará el Estado? No quiero ni pensarlo...

Me quedo triste, porque al final, casi le da lo mismo al que estudia, mide y ve venir el caos, que al que vive y disfruta el presente sin mirar al futuro. Total, para qué jugar a ser adivinos. ¡A vivir, que son dos días, y que nos quiten lo bailao...!

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