21 de agosto de 2008

Mera razón de subsistencia

Ayer buscaba un trabajo en el que realizarme. Siempre me pudo la monotonía, no la soporto. Como creativo multimedia, el oficio que tengo, ponía toda el alma en cada tarea que me tocaba realizar. Me irritaba sobre manera que los clientes o mi propio jefe corrigieran el rumbo al que me llevaba mi creatividad, sobre todo si consideraba que la enmienda no era acertada o llevaba a ninguna parte. Además, cuando te encargan un proyecto, los clientes acostumbran a no especificar desde el principio todos sus criterios, e incluso los cambian a medida que avanzas en la tarea. Este modo de proceder siempre me sacaba de quicio, porque odiaba trabajar de balde...

Hoy encaro el trabajo de forma distinta. Muchas veces he dicho que me siento viejo, gastado. En el tabajo, ya no me implico de la misma forma. Desde luego que realizo las tareas que me encargan con toda la profesionalidad de siempre. Pero ya no entrego el alma a cambio de nada. Trabajo con cierta apatía, como en un estado de somnolencia perpetua. A cambio, cuando modifican el rumbo de mi trabajo, el estado de frustración ha disminuido considerablemente.

Reflexiono y saco mis propias conclusiones. Con el paso de los años, he perdido la ilusión por lo que hago. El trabajo ya no es un fin en sí mismo, una búsqueda de autorrealización personal. Ahora simplemente es una transacción comercial, un modo de vida: si hago mi labor es a cambio de dinero. Los ideales van quedando atrás. Con el tiempo, el acto cotidiano de trabajar, se ha convertido en una mera razón de subsistencia...

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