20 de enero de 2008

Como si tuvieran desenfoque

Cuando salgo del trabajo ya es bien entrada la noche. Una humedad fría se adhiere a los poros desnudos de mi piel como frías gotas de sudor. Bajo la marquesina del autobús busco cierto consuelo de abrigo. Los coches pasan, el autobús no llega. Aún me queda más de una hora de viaje hasta llegar a mi casa, y me siento solo, sumergido en mis propios pensamientos y mi mirada perdida, tal vez buscando el sentido del día y de la vida. La ciudad pasa veloz, impercetible a mi mirada. El claxon de los coches se pierde en mi cerebro como un eco en un gran espacio vacío. Y las imágenes pasan ante mis ojos como si tuvieran desenfoque. Nadie como Isabel Coixet para contar en imágenes esta sensación vital...

Otros relatos