26 de diciembre de 2008

Miguitas de pan

Nuestras carnes mantecosas empezaron a ser conscientes del duro esqueleto que era el armazón interior del sillón del comedor. Se estaba quedando viejo, los años y el uso continuo no pasan en balde para los muebles. Entonces decidimos que debíamos jubilarlo y comprar un sillón más nuevo y cómodo.

Pero puestos en faena de renovación de interiores, se nos antojó cambiar también la mesa, el armario del televisor, el televisor mismo, comprar una mesita baja, una rinconera o qué sé yo. Y decidimos también cambiarlo todo de sitio, para que un nuevo orden y estado de las cosas llegase a nuestras vidas. Todo el comedor quedaría remozado, y nuestras vidas romperían un poco la monotonía...

Ha pasado un mes largo, y a día de hoy seguimos sufriendo el mismo sillón, y sólo hemos comprado una mesa, más chiquita, en la que a la hora de comer los espacios se hacen más pequeños. Y con la mesa nueva, tan delicada, hemos cambiado el viejo mantel de tela por uno de hule de cuadros similares, que protege de manchas grasientas a la mesa de madera. Y en el momento de limpiar las miguitas de pan que quedan huérfanas en el hule después de comer, hemos tenido que aprender un hábito nuevo.

Antes la limpieza del mantel de tela me era bien fácil: lo plegaba como a paracaídas recién aterrizado, y sacudía las miguitas al tejado. Después, los pajarillos acudían al festín de migas de pan, y yo me sentía feliz.

Pero el nuevo hábito de la limpieza del hule consiste en acorralar las miguitas con un trapo húmedo, empujándolas hasta un plato. Las migas quedan pegadas al trapo o al plato, y no hay forma de arrojarlas al tejado. Ahora los pájaros debe sentirse algo desgraciados sin su pequeño banquete de migas de pan...

Me quedo pensativo y me abruma una vez más la repercusión del más insignificante cambio de hábito que hacemos en nuestras vidas...

28 de noviembre de 2008

Otoño en bicicleta

Quizá el entumecedor aliento de un invierno más que frío ya sople amenazante. Pero entre hileras de plátanos de paseo, a ritmo tranquilo sobre mi bicicleta, pude deslizarme sobre un manto de hojas semiverdes, semisecas. Acariciaron mi rostro unos rayos tibios de sol que parecían venir de todas partes, que componían un juego de luces y sombras hermoso gracias a la complicidad del tronco y ramas de los árboles y al propio discurrir de la bicicleta. El aire fresco acariciando mi rostro, el sol cálido... Respiré hondo para inundarme el pecho de dicha, y volver a sentir el regalo de la vida...

17 de noviembre de 2008

Desierto

Ante mí, el desierto. En la calmada noche, sólo se divisan las estrellas, y el ligero contorno del horizonte por algún lado. Me encuentro perdido y paralizado por el miedo. Apenas veo. Quizá mañana muera de sed. Debo coger algún camino para ponerme a salvo, pero tengo la sensación de que todo esfuerzo será en vano, que da igual el rumbo que coja, porque no llegaré a ninguna parte. Pienso... La soledad y el leve viento de la noche me sobrecogen. Prefiero quedarme sentado, encorvado, acurrucado conmigo mismo, y disfrutar de la noche estrellada. El espectáculo celeste me embriaga y me envuelve en una dulce somnolencia, que probablemente me conduzca hasta la muerte. Reflexiono... No sé si es mejor luchar mientras me queden fuerzas. Vuelvo a lo mismo, a que para qué luchar si la derrota es segura. Decido seguir extasiándome con el espectáculo de las estrellas hasta que el sueño me venza. Quizá la llegada del alba alumbre un nuevo día de esperanza, en el que volveré a caminar con rumbo nuevo aunque sea hacia un repetido espejismo. O tal vez tras quedarme dormido sólo me espere la definitiva noche eterna... Tal vez, tal vez...

22 de octubre de 2008

Telefonista

Teleoperador cansado
Buenos días. Perdone que le moleste. No, por favor, no me cuelgue...

Buenos días, perdone, le llamo de parte de telefónica ADSL... ¡Puta madre!

Buenos días. Perdone que le moleste. Le llamo de parte de telefónica ADSL. Espere un momento que le cuente. Por favor, no me cuelgue. Hoy he tenido un mal día. ¿Tiene hijos? Sí, ¿tiene hijos? Yo no, la verdad, pero al paso que llevo nunca podré tener uno. Soy huérfano, sí, huérfano de padre y de madre, sólo tengo un gato, que me está esperando para decirme miau, eh, tú, sí, tú, telefonista, dame de comer, miau. ¿No le interesa? A nadie le interesa. Va a ver como ahora sí le interesa: ¡ha sido premiado! Sí, señor, ¿señora? Sí, señora, tengo que decirle que su número ha sido seleccionado de entre cientos, de entre miles, y ha sido premiada en el sorteo de un organillo eléctrico. Pues no, señora, sinceramente, no sé para qué sirve, no sé, pero ha sido premiada. ¿Qué, a que ahora le interesa? Sólo escuchan cuando les interesa, así son ustedes, pero si tengo que decirles algo, algo importante, se trata de mi vida, ¿entiende, señora?, se trata de mi vida, pero esas cosas a ustedes no les interesan. Sólo se molestan en escucharme si les regalo un teléfono móvil tercera generación o si les hago un descuento, sí, un descuento, escúcheme, sí, señora, ahora me va a escuchar, sólo les interesan cosas estúpidas, como una tostadora hidrotérmica y cosas así, pero nadie, nadie quiere escucharme...

Creo que voy a colgar el teléfono, señora, sí, creo que voy a colgarla antes de que usted me cuelgue a mí. Odio que me cuelguen, odio que me dejen con la palabra en la boca. ¿Me está escuchando, señora? ¿Señora? ¿Me está escuchando señora?... ¡Mierda!

12 de octubre de 2008

En la víspera del fin del mundo

El candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos de América, McCain, defiende a su contrincante demócrata: "No es un terrorista, ni un árabe, ni nada de eso: es un padre de familia y una buena persona". Sorprenden sus palabras después de una agitada semana en la que los republicanos calentaron con mentiras a sus fieles seguidores. Debe ser que ya asumen que habrá un presidente negro, y vaya legado que les deja el sistema: la mayor crisis financiera del capitalismo. Está el ambiente como para calentar más el panorama, o lo que es lo mismo, no está el horno para bollos...

Estados Unidos quita a Corea del Norte de la lista de países que apoyan al terrorismo. Algo raro está pasando en el mundo, vaya...

Ayer el Carrefour estaba repleto de familias felices que compraban como si nada estuviese suceciendo, y sin embargo, acabamos de vivir la peor semana económica de la Historia. Unos cuantos financieros avispados acaban de robar la cartera al sistema capitalista, supuestamente sin que nadie se enterase. Y ahora los que dirigen ese sistema nos robarán la cartera a nosotros, al pueblo medio, al que trabaja de sol a sol, a esos que cada vez están más atados a su hipoteca...

Los bancos islandeses se van a la quiebra, llevándose el bienestar de los islandeses, y el ahorros de miles de ciudadanos británicos. El gobierno británico congela las cuentas en Reino Unido de las empresas islandesas. Nadie congela las cuentas de las empresas norteamericanas, por supuesto.

Las "hordas rojas" vaticinan la caída del sistema capitalista. No creo yo tanto; simplemente unos listos, por otro lado los de siempre, han robado al sistema la cartera. Y ahora el sistema, de nuevo los de siempre, nos roban la cartera a nosotros. Los presidentes hacen su papel de melodrama barato, como si nada nadie hubiera presagiado la tragedia que ahora se nos viene encima. Para colmo, esos gobernantes títeres se erigen en rescatadores del propio sistema que les alimenta...

Nuestro "querido" Bush se despide con todo un legado para la historia: la guerra de Irak, el terror del terror o miedo al terrorismo, y ahora la bancarrota del sistema...

De profesor de diseño web he pasado a dar el módulo de informática en varios cursos de oficios. Mis alumnos son albañiles, fontaneros, electricistas, frigoristas... Disfruto con la interculturalidad de mis alumnos: españoles, nigerianos, caboverdenses, dominicanos, bolivianos, peruanos. Pero intuyo que algunos de mis alumnos españoles no disfrutan tanto con esta mezcolanza cultural. Así de ingrato es el que menos tiene para con los de su clase social. Cosas de la incultura. Yo siempre digo que los perros de presa del fascismo que viene ya están preparados. Y encima nada más propio para alimentar el caldo de cultivo fascista que esta crisis de desempleo y pérdida de bienestar que se nos viene encima...

Mi generación se crió entre algodones. Hasta la fecha, lo hemos pasado bastante bien. Hemos disfrutado de lo lindo del banquete neoliberal. Pero después de esta crisis, nadie sabe qué realmente nos espera. Qué pasará cuando los que tanto disfrutábamos con esta gran comilona nada tengamos que perder...

A río revuelto ganancia de pescadores, ya se sabe. Adivino que los de color rojo aprovecharán la tesitura para apostar carnaza detrás de sus barricadas. Y los del bando contrario azuzarán a sus perros de presa para que muerdan esta vez a los que menos tienen.

Se me antoja de nuevo un paisaje de fin del mundo, en el que Obama se las ve negro para que Dios salve a América. Un fin del mundo en el que el único patrimonio que nos queda a la mayoría es esperar los instantes finales de intensa luz de una detonación nuclear.

En otra parte del mundo, en una cálida playa de un paraíso fiscal, los banqueros codiciosos se dan su última cena. Tras la copiosa comida buscan un mozo al que pedirle un poco de bicarbonato para aligerar su pesada digestión. Pero ya nadie les atiende. Contemplan entonces con melancolía, ahora sí, el último atardeder de sus vidas glotonas. Y mientras el horizonte azul de un irisado mar, se ilumina con la preciosa luz de lo que es la explosión de un misil nuclear...

25 de septiembre de 2008

Cambio de imperio

De repente hoy me he dado cuenta: asistimos a un cambio de imperio. Estados Unidos cae, y China espera impaciente su turno para entrar en acción...

Hace tiempo que la China comunista juega a ser capitalista. Esta semana los Estados Unidos capitalistas han jugado a ser socialistas interviniendo en las leyes del libre mercado. El mundo del revés...

¿Alguien conoce las auténticas reglas de estos juegos económicos? Los mismos que construyeron las reglas nos hacen trampa cuando quieren. Igualitos que aquel niño de nuestra clase, que amenazaba con llevarse su balón si aquella fuera de banda tan clarísima, ni tan siquiera fue córner, no se pitaba como gol.

Saque de centro; continúa el partido. Entre tanto, en medio de la cancha, nos toca seguir jugando, recibiendo goles y soñando con marcar en algún momento alguno...

¿Tiempos de crisis? No, no existe la crisis, pues el juego continúa como si nada ocurriera. Simplemente, es que se ha cambiado de árbitro. Quizá ahora el campeonato vaya a mejor... o a peor... No sé. Cuando llegue a viejo, si llego a viejo, podré contar a mis nietos, si los tengo, que yo asistí al cambio de imperio...

21 de agosto de 2008

Mera razón de subsistencia

Ayer buscaba un trabajo en el que realizarme. Siempre me pudo la monotonía, no la soporto. Como creativo multimedia, el oficio que tengo, ponía toda el alma en cada tarea que me tocaba realizar. Me irritaba sobre manera que los clientes o mi propio jefe corrigieran el rumbo al que me llevaba mi creatividad, sobre todo si consideraba que la enmienda no era acertada o llevaba a ninguna parte. Además, cuando te encargan un proyecto, los clientes acostumbran a no especificar desde el principio todos sus criterios, e incluso los cambian a medida que avanzas en la tarea. Este modo de proceder siempre me sacaba de quicio, porque odiaba trabajar de balde...

Hoy encaro el trabajo de forma distinta. Muchas veces he dicho que me siento viejo, gastado. En el tabajo, ya no me implico de la misma forma. Desde luego que realizo las tareas que me encargan con toda la profesionalidad de siempre. Pero ya no entrego el alma a cambio de nada. Trabajo con cierta apatía, como en un estado de somnolencia perpetua. A cambio, cuando modifican el rumbo de mi trabajo, el estado de frustración ha disminuido considerablemente.

Reflexiono y saco mis propias conclusiones. Con el paso de los años, he perdido la ilusión por lo que hago. El trabajo ya no es un fin en sí mismo, una búsqueda de autorrealización personal. Ahora simplemente es una transacción comercial, un modo de vida: si hago mi labor es a cambio de dinero. Los ideales van quedando atrás. Con el tiempo, el acto cotidiano de trabajar, se ha convertido en una mera razón de subsistencia...

6 de julio de 2008

Cada vez más pequeños

Prácticamente anochece en esta noche del caluroso julio. Solo en casa, me aburro. Decido ir a dar una vuelta por el barrio, simplemente a pasear. Usera, mi barrio, es multicolor, mutiétnico, y me entretiene algo tan simple como ver a la gente caminando por el barrio.

Un niño chino, pequeño, va junto con la que debe ser su hermana. Llama al portón de un taller en que los chinos deben trabajar sin pausa, y travieso, se escapa corriendo. La hermana ni se inmuta, ni le regaña, mientra el niño, ya a lo lejos, se asoma pícaro él por ver si sale alguien a abrir.

Continúo paseando. Me atrapan las caderas jugosas de las latinas, sus faldas cortas, sus piernas largas, sus muslos prietos. Un niño chiquito de aquí camina tambaleándose junto a sus padres, rapadito y tan cabezón, que parece un extraterrestre. Sentado en un banco, un yonqui pensionista resuelve en voz alta un crucigrama sobre un papel de periódico arrugado.

Me cruzo con otro enganchado a las drogas y reconozco en su rostro a Javi, Dios mío, parece tan demacrado, y con su bolsa de deporte a cuestas, tan sólo y vagabundo como siempre. Un sudamericano ebrio gime en voz alta ante nadie. A un chico de color negro casi le atropella una moto, qué susto...

Giro 180 grados por donde he venido, en esta vuelta corta pero tranquila. Aun con paso lento, soy capaz de adelantar a las familias que despaciosamente pasean. Más chinos grandes, chiquitos, y chinitas de piernas flacas y una mirada que siempre le ignora a uno. El Mac Donalds está abarrotado de inmigrantes de todos los colores; en el asador de pollos de los chinos no hay nadie. En "el patatas", uno de los lugares más socorridos para tomar algo, tampoco parece haber casi nadie.

El paseo me parece del todo agradable, hasta que me topo con un coche patrulla que pide papeles a los inmigrantes, soliviantando la quietud de esta hermosa noche. No me resigno a que estas cosas ocurran...

Delante de mí, un compatriota camina tan a mi paso que parece que le persigo. Se detiene a mirar algo en un escaparate y le adelanto. Adelanto también a una joven pareja de sudamericanos. Me enternece verlos tan jóvenes y ya con su niño, disfrutando con un secillo paseo de su día libre.

Se me ocurre comerme un helado, pero no encuentro ningún lugar donde comprarlo. Me cruzo con unos sordos que callada y animosamente hablan entre ellos. Me fijo con disimulo en el rostro bello de una joven árabe, no vaya a darse cuenta su marido, que por cierto, parece mayor que ella. Su precioso vestido es de un verde vivo, pero tan cerrado, que no sé cómo puede ir agusto con este calor.

En la pequeña plaza con fuentes todo el mundo parece buscar un poco de fresco: gitanos, payos, negros, chinos, mulatos, sudamericanos... Sigo avanzando, pensando aún en el helado, y me cruzo con mi amigo Miguel, que va con su pareja. Me entretengo apenas un minuto en una conversación breve, qué tal tu trabajo, bien, qué tal el tuyo, también bien...

Me despido de Miguel, y continúo paseando. Al cabo, otro coche patrulla de cacería. Los agentes han dado el alto a la joven pareja de sudamericanos que iban con su niño. En la calurosa noche, el corazón de los agentes parece de hielo, y ni la ternura de una madre con su niño pequeño les ha enternecido lo suficiente como para sustraerse, ni siquiera por un momento, de su obligación. "¿Dónde viven ustedes?", les preguntan los angentes. "En san Fermín", acierto a escuchar como respuesta. A mí, como soy blanco blanquísimo, nunca me piden los papeles...

Me entristezco. Paso por la tienda de los chinos, aún abierta, y veo un cartel que anuncia helados. Pido un polo de leche. Sólo vale 50 céntimos, pero cada vez los hacen más pequeños...

Saboreo el dulce frío de leche, y en mi cabeza escucho el eco de mi propio pensamiento, "cada vez más pequeños, cada vez más pequeños". Exactamente igual que este país, igual que toda la opulenta Europa, de la misma forma que el que todo lo tiene y prefiere bailar a reflexionar: cada vez somos más pequeños en derechos...

Desengañado de todo llego a casa. Cada vez me siento más a favor del caos y de la entropía natural de las cosas: para que pierdan unos pocos, mejor que ocurra la posibilidad de que pierdan todos...

29 de junio de 2008

Calor de fin de junio

El calor de fin de junio en Madrid me aplatana. A mí y a todos. Ensopados en sudor, resulta difícil trabajar...

Este mes está siendo una auténtica contrarreloj. Mis afanes me desbordan. Conseguí de nuevo un trabajo como docente, que era lo que tanto quería. Ahora me toca ser profesor de diseño web y multimedia. La tarea me viene como anillo al dedo, pero siempre hay que dedicar algo de tiempo a preparar las clases. Al menos el tiempo docente lo coparto con otro profesor, con lo que me quedan dos mañanas libres para... seguir trabajando. El tiempo libre de junio, y el de todos los meses, se me escapa en seguir trabajando. Tres mañanas de docente, 2 mañanas y 5 tardes de diseñador multimedia. Los fines de semana, a seguir preparando clases y demás asuntos. Y es que la vida es un no parar. Y que uno no pare...

Para desplazarme entre tantas idas y venidas, cometí el atrevimiento de comprarme una bici plegable. Fue una compra compulsiva, y todo un derroche de dinero. Hacía años, o desde nunca quizá, que me entraba similar arrebato de consumo. Ahora resulta que me siento atado a ese armazón de hierro plegable con ruedas que es mi bici. Me paso el día pliega y despliega, escaleras arriba, escaleras abajo con esos 12 kilos a cuesta, camino del tren, de la clase, de la oficina o de mi casa. De la casa de mi padre, quiero decir... En el lugar en que doy clases me dejaron un despachito donde guardar la bici. Pero yo, desconfiado por naturaleza o educación, le compré una cadenita para amarrarla a cualquier sitio más o menos fiable. Y la cadenita, en realidad, es a mí a quien amarra a esa bicicleta, pues desde entonces tengo que estar pendiente de ella, no sea que alguien se quede encantado con sus dos ruedas y me la vaya a robar.

Pero a cambio, la bici me desplaza raudo en las cuestas abajo y con menos alegría y muchas dosis de sudor en las ascendentes. Y siempre con una sensación de libertad grata pero relativa, pues los coches amenazantes siempre me amedrantan. Me compré un casco por si acaso un día acabo por los suelos, pero no vendrían mal también un par de velas a San Cristóbal, patrón de los conductores temerosos del poder de Dios y de la imprudencia de los hombres...

Entre pedaleo y pedaleo, y afán y afán, España triunfa en la Eurocopa. Siempre nos quedará el fútbol para no pensar, dormir, expulsar nuestra ira, y soñar. La fauna política, monarquía a la cabeza, se pasea por los palcos de los estadios en que juega la selección. Para ellos es el tiempo de cosechar los frutos de ese fervor patriótico que tanto les interesa. Si España gana esta noche la crisis económica parecerá superada, y por fin pareceremos grandes, como antes de la hecatombe del 98. Celebraremos la victoria bañándonos en todas las fuentes del país, y por fin un fin de junio nos parecerá hasta menos caluroso. Y quizá la frescura nos dé de sí para todo el verano, e incluso para más allá...

19 de mayo de 2008

El regreso de la Cañada Real

Encontré este vídeo que cuenta lo que no contaron en las noticias. Por si fuera verdad esta visión o versión de los hechos, aquí promociono el vídeo:



Si encuentras en el vídeo una sola mentira es que es todo mentira. ¿También en los telediarios?

Como perdido

En los suburbios de Sudáfrica apalean inmigrantes. Como perrillos hambrientos que pelean por las sobras de un plato sucio, los desheredados sin empleo les culpan de la delincuencia y de acaparar los últimos trabajos que les quedan. En el sur de Italia queman poblados de gitanos rumanos. Desde los chalets de Rivas Vaciamadrid, Madrid, un alcalde comunista confunde las chabolas de la Cañada Real con "viviendas ilegales", y por eso las derriban, para construir más chalets, y para mantener el sueño tranquilo de los vecinos. De vuelta a Italia, en Asís, San Francisco observa perplejo la prohibición de mendigar a los pobres, "será porque se organizaron en mafias de la miseria", le cuentan al santo de los pobres...

Suma y sigue, mi dulce niña, que si sigues no pararás de sumar. Sé buena no te vayas a convertir en presidenta neoliberal que a todo le pone precio. Que las presidentas ultraliberales más que destapan diablos rojos que nos engañan a todos con sus bonitos ideales. Y ya sabes que los diablos rojos, acaban siempre pegándonos con el rabo...

Ahora que me hice autónomo me siento menos autónomo, y ya por Lima, ya por Madrid, camino como perdido, sin saber para dónde ir. Pues camino cansado, soy pequeño, y todos me quieren engañar. Sólo encuentro una única verdad: el pez gordo se come al chico, y el que menos tiene siempre es el que pierde, que es otra manera de decirlo...

24 de abril de 2008

Blanco por simple reducción a lo absurdo

Ni roja ni azul es mi bandera: blanca. O mejor, ¿por qué suscribirse a una bandera?

El siglo XX pasó por la Historia con sus nobles ideales y sus terribles vanidades. Esos hombres que se creyeron tan poderosos y seguros de sí mismos al final resultaron ser nadie. Nacieron pletóricos con fuertes convicciones y murieron con disimulada y callada vergüenza. Y eso para los que se enteraron de algo, porque para otros los vaivenes de la Historia pasaron sin aprovecharles ni las raspas. El hombre del siglo XX mató por sus ideas. Y los acontecimientos vinieron a decirle que las ideas son tan mutables y débiles que se convierten en relativas. La única idea que siempre perduró fue la del yo por encima de todos y de todas las ideas. ¿Para eso luchamos? ¿Quién manejó nuestros hilos? ¿Quién resucitará tanto hombre y mujer muertos?...

Parece mentira que lo venga a decir yo: sí, mi color es el blanco. Yo, tan irascible, tan mediterráneo, tan visceral... Sí, tan visceral, pero si he de elegir, frío y cabal, elijo el blanco. Si blanco ni azul me valen, me quedo con el blanco. Es una simple tarea de reducción a lo absurdo...

El blanco simboliza la paz. El blanco es relativivamente un color. El blanco es el color de nadie, y el color de cada cual.

Por colores, por banderas, por ideas, los hombres nos hicimos y haremos trizas. Ninguna nación actual pervivirá más allá de otros 1000 años. Pasó el imperio romano, pasaron los cartagineses, pasaron los tartessos. Pasaron tantos otros que cualquier pueblo también pasará a la Historia sin dejar el más mínimo rastro. Y algunos malgastando su corta vida en el empeño de alzar la bandera de una patria que perecerá...

Leí hace poco un libro de Clara Campoamor, "La revolución española vista por una republicana". Una republicana que sufrió la persecución de las dos españas: la de la roja, la del puño cerrado implacable envuelta y disfraza en sus nobles ideales; la de la azul, la que se hacía ciega ante la desgracia ajena y que con altanero paternalismo se nombraba así misma guardían de todas las nobles ideas y hasta de nuestras almas... Cuánto me identifiqué con doña Clara, tan clarividente en aquellos tiempos oscuros en los que se empezaba a gestar la estafa a tantos ensoñados europeos... Y a estas alturas, y con lo que ha llovido, ¿aún se creen que me pueden engañar?

Si algo aprendí de Gandhi es que la violencia engendra violencia. Me sorprendió descubrir cómo este axioma coincide con el de las tesis terroristas de engendra violencia y terror, y la represión del poder gobernante hará que el pueblo se ponga a tu favor. La venganza puede que a uno le desquite, le desfogue momentáneamente de su ira, pero si el ser humano fuese capaz de pensar en frío se daría cuenta de que la mejor estrategia es siempre la paz. Volvemos a la misma reducción a lo absurdo. Y si Gandhi me dio esta soberbia lección de que pensar con la ira no conduce a nada provechoso, el mismísimo Cantinflas, en el papel de Sanchopanza, me enseñó que la pena de muerte no merece la pena... ¡Ay de los pueblos que suplantan la razón con el sentimiento venenoso de la venganza!

Puede que quizá, tal vez, alguna vez este hombre de tendencia a lo irascible se decante por alguno de los colores impuros. Puede que este hombre que ahora escribe cambie su pluma, porque esté resentido, por un fusil. Pero estonces este hombre será un hombre pobre que sólo es capaz de actuar con dolor y cólera. Porque el hombre cabal que quiero ser, ese que actúa sólo desde su reflexión, ese siempre elegirá el color blanco: el color de la paz. Aunque sólo sea por simple reducción a lo absurdo...

2 de marzo de 2008

Azul satén para la bella dama

De azul satén viste la bella dama que quiere danzar en un baile de fiesta sin fin. Al otro lado de los empañados cristales del tibio salón, en la fría noche, las turbas la contemplan bailar ateridas de frío, hambrientas. La dama insolente e indolente no los siente. Su único deseo es que no pare la música...

La derecha, los conservadores, los liberales, gustan de bailar en un baile sin fin. Como a todos nos gusta lo bueno, como a todos nos gusta bailar, pienso yo que todos, en el fondo, estamos un poco situados a la derecha. El azul satén nos sienta tan bien... El problema es cuando no hay tela para todos, y además no estamos dispuestos a compartir ni el baile, ni el vestido.

Los liberales nos venden su libertad de mercados como la gallina de los huevos de oro que nos dará a todos de comer. Nos cuentan que dejando los mercados a su libre albeldrío ellos mismos se autorregularán. Apuestan por algo parecido a la propia selección natural de las especies: sólo las especies que obtengan beneficios sobrevivirán en el mercado. El resto, tendrán que buscar su método de adaptación o perecerán. Las especies que sobrevivan pondrán tantos huevos de oro que nos darán de comer a todos. O al menos alguna migaja nos alcazará...

Me gusta la libertad, moverme a mi aire, decidir por mí mismo, asumir mis propios éxitos y errores. Así que, a priori, podría adhermirme a las ideas liberales sin el menor cuidado. Pero el problema de la teoría liberal es obviar que en todo proceso de selección natural domina siempre la especie más fuerte. Y la especie fuerte, que siempre es la más depredadora, nunca va a querer perder su posisición de privilegio.

La bella dama de azul satén nos impondrá sus reglas y criterios, porque lo único que le importa es mantener su fiesta, su baile, y su cálido salón. Nos hablará de libertad, pero inventará aranceles, papeles con los que pasar fronteras, intervencionismos, monopolios o bloqueos económicos. Nada más lejos de la libertad. Se defenderá como gata panzarriba con tal de conservar sus privilegios.

La derecha siempre tiene miedo a quedarse desnuda, a perder su vestido de azul satén. Y se recrea con la añorada bonanza de un inamovible pasado que siempre fue mejor y trajo mejores costumbres. Pero lo que no sabe la derecha es que el mundo tiende al caos, a la entropía, y que por ende es imposible mantener el estado de las cosas en un equilibrio tan inestable.

Otro problema con el que no quiere bailar la teoría liberal es el de la sostenibilidad del planeta. La bella dama tiene un apetito voraz, y para alimentarla harían falta más de dos planetas. No hay tanto para tantos... Crecimiento exponencial y finitud de recursos ¿a dónde nos llevan?

Si estás dentro del cálido salón es fácil que tus ideas sean liberales, de derechas. Si estás fuera nunca lo serán... hasta que pases dentro. Con un poco de privilegio es fácil que cualquiera de nosotros se convierta en la noble dama de satén azul...

Bella dama vestida de azul satén: que no te extrañe si desde fuera alguien quiere pasar a tu fiesta. Creo que la música de este baile debería sonar para todos...

20 de febrero de 2008

El romanticimo de lo rojo

Parece que por fin hoy Fidel Castro colgó las botas. No esperó a morirse, como exigiría el verdadero protocolo de un líder rojo. Aunque en Cuba, bajo el mando de su hermano, será como si nada nuevo hubiera sucedido...

Escuchaba atentamente en una radio a dos ex-políticos metidos a tertulianos hablar sobre la Cuba de Fidel. Una de las que conversaban comentó que cuántas ilusiones despertó en su día la revolución cubana, cuántas expectativas. Y cómo ella, hasta hace relativamente bien poco, derribó el mito de la Cuba de Fidel y su revolución.

Para muchos, el mito de lo rojo aún continúa. El siglo XX nos trajo personajes atroces, al menos para mí: Stalin, Mao, Pol Pot, Abimael Guzmán, Fidel Castro... Millones de seres estuvieron sometidos al pensamientos de estos señores, y sin embargo, ¿por qué aún perdura, en pleno siglo XXI, el romanticismo de lo rojo?

Neoliberalismo, capitalismo, burguesía, imperialismo, derecha, conservadores, fascismo, patrón... Distintas acepciones para un mismo enemigo de lo rojo. Lo rojo no hubiera existido si no hubiera existido la opresión, la desigualdad, la injusticia, el hambre, el frío, el racismo... Los privilegios mantenidos y heredados de padres a hijos, y tantas veces bendecidos por las distintas Iglesias. Lo rojo surgió como lucha de liberación, y es ahí de donde saca su noble ideal, y lo que es más: de la noble liberación del oprimido surge la idea romántica de lo rojo.

Quiero mencionar ahora al Che Guevara. ¿A cuántos mató? ¿A cuántos sometió? ¿A cuántos impuso su criterio, sus ideas, sus antojos? Sin embargo, su icono permanece casi imperturbable a través de los años, y como una estilizada modelo, casi nos cautiva a todos. El Che es el paradigma perfecto del rojo romántico, el Robin Hood de los bosques de la vida real. Se me antoja que aquellas barbas descuidadas de la revolución cubana tuvieron un efecto mucho más seductor que los uniformes verde oliva y los puños cerrados que sostenían los fusiles...

La idea romántica roja perdura en los nobles ideales. Endulzados por el regusto agradable de eos nobles ideales, los pobres rojos ensoñados no aciertan ni acertamos a vislumbrar el rastro de sangre, muerte y terror, que dejamos a nuestro paso por el siglo XX. El imperio y el patrón siempre existirán, y allí acudiremos nosotros embebidos en nuestros nobles ideales. Y con el hacha de guerra en la mano. Ahí es donde surge todo el problema: en el hacha, simbolizada en el puño cerrado...

El romanticismo rojo no nos deja leer con acierto las huellas de la Historia. Y lo que es peor, nos impide ver la realidad presente. Eso pienso. Mi realidad es que todo el que está arriba se convierte en patrón, independientemente de cuál fuera antes su color. Mi realidad me dice que todo el que pelea desde la ira será un tirano si vence, y un resentido si pierde. Mi realidad me dice que el que pone todo su afán en reivindicar su diferencia se parece mucho a un fascista. Mi realidad me dice que del odio no saldrá ningún gobierno de paz. Aunque por mi visceralidad me cueste reconocerlo, siempre tengo que darle la razón a Gandhi: "la violencia siempre engendra violencia". Y si acaso hay un camino que nos salve, será el del amor.

En mi mochila aún guardo los nobles ideales del romanticismo rojo. Mas pongo todo el empeño en desprenderme de la ira que conlleva...

20 de enero de 2008

Como si tuvieran desenfoque

Cuando salgo del trabajo ya es bien entrada la noche. Una humedad fría se adhiere a los poros desnudos de mi piel como frías gotas de sudor. Bajo la marquesina del autobús busco cierto consuelo de abrigo. Los coches pasan, el autobús no llega. Aún me queda más de una hora de viaje hasta llegar a mi casa, y me siento solo, sumergido en mis propios pensamientos y mi mirada perdida, tal vez buscando el sentido del día y de la vida. La ciudad pasa veloz, impercetible a mi mirada. El claxon de los coches se pierde en mi cerebro como un eco en un gran espacio vacío. Y las imágenes pasan ante mis ojos como si tuvieran desenfoque. Nadie como Isabel Coixet para contar en imágenes esta sensación vital...

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