23 de diciembre de 2007

Aki Kaurismäki y otro año que se acaba

La vida de bohemia, de Aki Kaurismäki
Fotograma de La vida de bohemia,
de Aki Kaurismäki

Hace un mes, más o menos, un compañero de clase me mencionaba al director finés Aki Kaurismäki. Hasta entonces no había oído hablar de él. A día de hoy, ya he visto 4 de sus películas.

Me gusta ese tempo lento, monótono, de planos fijos, su atmósfera triste y gris. Sus personajes tristes y perdedores me dejan pensativo; parece que la vida se les escapa. No sé por qué, así me siento a veces, gris, desbordado por lo que viene, sensible en la belleza de lo pequeño. Y me quedo quieto y perezoso viendo la vida pasar, monótona, como fumando un cigarro a caladas profundas y lentas, con la mirada perdida y concentrado en mis pensamientos...

Y mientras tanto, en este discurrir de los días, otro año que se nos va. Reflexionando, observé de nuevo el tono de lamentación que reina en este mi blog. Quería evitarlo en esta entrada, pero veo que no puedo. Me conformo con evitar la ira que me envuelve siempre: el enojo por lo que pasa en el mundo. Por esta vez me recreo simplemente en un lamento por el paso de la vida: será por lo de que este año ya pronto termina...

Allá por el mes de abril me despedía de mi empresa. Me iba por la sombra, vamos, rumbo al paro y a intentar retomar las riendas de mi vida. O por lo menos otros rumbos...

Tras un curso inacabado sobre programación web, el paro me costeó otro par de cursos sobre metodología didáctica, de los que quedé bastante satisfecho y agradecido a los profesores. Me gustaría dedicarme a la dodencia en diseño gráfico, multimedia, infografía... Cualquiera de estas materias me gusta. Me matriculé en la universidad de Alcalá de Henares, y ahí ando aún comprando otro curso más sobre formación de formadores.

A varias entrevistas acudí con la ilusión de dar clases, pero mi inexperiencia me hizo caer en la cuenta que de nuevo estoy al principio de un camino. Y por fin en este mes encontré la oportunidad docente que tanto había perseguido, en un curso un tanto peculiar y lleno de fatigas, tanto que ha absorbido todo mi tiempo por completo. Pero cuando hay hambre uno se adapta a todo. Y hasta disfruta: puede que yo sea irascible, triste o melancólico, pero sentido del humor no me falta. Disfruto con la ironía de esta vida...

Los personajes de Aki Karusmäki podrán ser unos perdedores. Tendrán caras tristes, ojerosas, pelos grasientos, gabardinas pasadas de moda llenas de lamparones y autos mediocres de otra época. Quizá nunca lograrán alcanzar sus sueños, pero son luchadores natos y, aunque inexpertos, siempre intentan escapar a su destino gris. Y nunca dejan de estar ahí, en el camino, es decir, de respirar, de vivir...

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