30 de septiembre de 2007

La Nueva Era

Cuando hicieron el pozo, el viejo chamán se quedó sin empleo. De todos era conocido por Milo, y hasta entonces la comunidad acudía a él sobre todo para que invocase a los dioses en los grandes periodos de sequía. Cuando no llovía se secaban las cosechas, el ganado moría, y la gente pasaba hambre. Los primeros en pasarlo mal siempre eran los niños y los ancianos. Milo decía a la gente que los dioses sólo se contentaban con grandes sacrificios y ofrendas.

Antes de que construyeran el pozo, el viejo chamán vivía muy bien. En periodos de sequía, mientras todos pasaban calamidades, Milo nadaba en la abundancia. Para él la sequía era una buena temporada, pues se alimentaba de las grandes ofrendas que la comunidad hacía a los dioses. Y cuando por fin volvían las lluvias, la gente acudía de nuevo con montones de ofrendas de agradecimiento para los dioses y para el propio Milo. Podía decirse que el viejo chamán era uno de los hombres más ricos, influyentes y poderosos de la aldea.

Pero cuando aquellos predicadores ingleses acudieron con sus pláticas e instalaron aquel pozo de agua, la suerte de Milo cambió. Previno a sus vecinos de que esos predicadores sólo traerían muerte y miseria a la comunidad. En el momento en que empezó a brotar el agua por la cañería que construyeron, nadie en la aldea quiso creer ya en los malos augurios de Milo. Y es entonces cuando la suerte de Milo cambió.

Los ingleses desaparecieron, pero el pozo quedó. A partir de entonces los periodos de sequía no fueron un inconveniente, pues el pozo proveía de agua a los cultivos. El ganado engordaba sin problemas, y todo el mundo nadaba en la abundancia. Todos menos Milo, claro, pues ya nadie veía necesarios los sacrificios ni las ofrendas. Se olvidaron de los dioses, y casi nadie acudió al viejo chamán en busca de soluciones.

Sin embargo, a pesar de que todos eran ricos, sintieron un gran vacío interior. Antes se vivía modestamente y con espíritu de sacrificio, pero ahora nadie quería sacrificarse ni trabajar. Sólo querían disfrutar de las bondades de la tierra y el agua: comer fruta y la carne del ganado, beber vino, y gozar en el lecho en el mucho tiempo libre del que disponían. Veían a los dioses antiguos como unos seres molestos y antojadizos que sólo pedían sacrificios. Y fue al apartarse de los dioses cuando se sintieron vacíos por dentro, pues nada alimentaba su sed espiritual.

Pero el ingenio del viejo chamán se agudizó, quizá acuciado por la extrema necesidad. Y fue entonces cuando se inventó la nueva religión. Si los dioses antiguos pedían sacrificios, los nuevos se encargarían de proporcionar la felicidad y el bienestar. Habló a su comunidad del dios Bio, encargado del bienestar y la renovación interior del cuerpo. La diosa Piedra mantendría lejos los influjos y energías negativas; sería la encargada de proteger de las envidias y el mal de ojo. El dios Guay, siempre tan divertido y bromista, haría todo lo posible para que fuésemos queridos y admirados por los demás. Y la diosa Argentium mantendría nuestro dinero a salvo de la codicia ajena, y multiplicaría con creces cada ofrenda que le hiciésemos.

De nuevo el viejo chamán nadó en un mar de prosperidad. Ahora su abundancia no dependía de las épocas de sequía. Los nuevos dioses parecían más generosos que los antiguos. Milo recordó con una sonrisa taimada la llegada de los predicadores ingleses. Aquel viejo chamán era consciente de que con el pozo se había inaugurado la Nueva Era...

28 de septiembre de 2007

Disfraz de feria

La promoción de un festival de cine europeo que se precie consiste en algo así como disfrazarse de feria. Parece claro que a las moscas les atrae más la mierda que otra cosa. Aunque imagino que para las moscas la mierda debe ser algo delicioso. Cuando se trata de atraer la atención de las moscas, los festivales de cine de por aquí utilizan a los famosos actores del cine norteamericano. Es su disfraz de feria. Fuera de concurso, se programan unas cuantas películas recientes de estos actores , y así acuden a promocionarla. Montones de periodistas, fotógrafos, fans, revolotean en torno a estas super estrellas. Gracias a ellos se consigue que se hable del festival en los medios. "¡Por fin; ya existimos!", deben respirar aliviados los directores de los festivales...

Sin embargo, llega el día de la entrega de premios y vemos que ha ganado una peli iraní, china, o finlandesa... O incluso alguna que otra norteamericana, pero eso sí, dirigida por un director apenas conocido, y protagonizada por algún que otro actor del que apenas nos suena su cara. Eso es lo que tienen en común los ganadores del certamen: apenas nadie había oído hablar antes de ellos. Y sin embargo, cuando les entregan su premio, las moscas están ahí con sus flashecitos, sus micrófonos, y sus libretas tomando notas. Los telediarios dicen algo así como que "el festival de cine de San Sebastián entregó el premio a la directora iraní Hana Makhmalbaf por su cinta Buda explotó por vergüenza".

No deja de resultar paradójico que, para poder promocionar al Cine con mayúsculas, haya que servirse del hedor atrayente del cine de folletín. Este mundo es un contrasentido. Una vez más habrá que ver las cintas premiadas por estos festivales. Siempre podremos encontrar entre ellas alguna joya que nos deje un grato recuerdo imborrable en nuestra memoria. Ese regalo no tiene valor. Es toda una suerte poder ver el mundo desde la mirada sensible de cientos de artistas de todas partes. Y qué pena da quedarse ciego. Deben de ser los flashes de las luces de feria...

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