15 de mayo de 2007

El trauma de las colas

No sé qué me pasa últimamente (me refiero a los últimos 15 años), que cada vez que alguien se me cuela en una fila pierdo un poco los papeles. Bueno... también depende del día. Hace bien poco, en la cola de un banco, esperaba junto a unas amigas monjitas para pagar un documento. En un santiamén (nada más propio), una chica entró y se puso justo detrás de la señora que iba delante de nosotros. Todo apuntaba a que se estaba colando, pero bueno... No pocas veces me ha pasado lo mismo, y cuando llegaba mi turno me preguntaban "¿ibas tú delante, no?", así que, aunque ya iba cargándose de pólvora mi escopeta, esperé a que llegase mi turno.

Avanzaba la cola. Le pregunto a una de las hermanas si íbamos nosotros detrás... me asiente con la cabeza. Creo que la que se quería colar debió entonces ver que yo tenía bien clarito detrás de quién iba. Comenzó entonces a hacer un poco de teatro para marcar su territorio, y expresar que era ella la que iba detrás de la señora. Con aspavientos empezó a criticar desesperadamente la lentitud de la cola, y a quejarse de que había poco personal atendiendo. El colmo y culmen de su interpretación fue cuando le comenta a la señora que iba delante de nosotros: "perdone, señora, voy detrás de usted, salgo un momento a la calle y ahora vuelvo".

La pobre señora se vio involucrada en problema ajeno. Yo ya no tenía dudas: la chica se nos había colado. Ya a la hermana le había dicho que se retirase, que hacía yo el pago. Sabía que habría guerra. Cuando llegó nuestro turno, le aclaro a la chica que el turno era nuestro. En fin... cómo se puso, y cómo me puse. Bonito espectáculo el que dimos, pero al menos amenizamos el tiempo de los que esperaban detrás de nosotros. La otra que si yo debía espabilar en la vida, yo que si ella sí que era espabilada, ella que yo debía demostrar lo que decía, yo que si se veían las cámaras del banco quedaría demostrado... Al final la muchacha cedió, pagué el recibo, y me despedí con un por mi parte cruel, "tú, en un campo de concentración o en una guerra, sobrevivías fijo"...

Siempre me he preguntado cuán dura tiene que ser la convivencia en una guerra o en un campo de concentración. Si hasta por una simple cola o por coger un asiento en el metro sacamos todo nuestro instinto animal, qué no haremos en unas circunstancias extremas de supervivencia. Sobrevivir a la escasez de una guerra tiene que ser algo terrible. Nuestra animalidad en estado puro...

La verdad es que todo el mundo me dice que qué más da, que por un puesto no merece la pena quebrarse la cabeza. El otro día, en la panadería, me fueron a atender antes de mi turno. Le indiqué al panadero que era el turno de un chico que iba delante de mí. El colmo fue cuando llegó una señora y se me coló. Protesté, pero el panadero, impasible, siguió atendiendo a la señora. Me fui indignado...
No sé... creo que no merece la pena que le dé tanta importancia al asunto. Pero es que no puedo soportar la falta de respeto. Si no protesto me siento mal, pero si reclamo mis derechos, me enojo tanto, que casi me siento peor. Debería tomármelo todo con más filosofía...

Cuando era bien pequeño, mi madre me enviaba a la lechería. Yo lo odiaba. Allí estaba yo, detrás de un montón de señoras, sin que mi tímida y pequeña voz se atreviese a decir "quién da la vez". Así que cada señora que iba entrando en la lechería se me colaba, y yo esperaba a que llegase mi turno cuando casi no había otro a quien atender. Estoy seguro de que ése es el origen de mi trauma, y de que pierda tan fácilmente los papeles cuando alguien se me cuela. ¡Dichosos traumas infantiles...!

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