28 de enero de 2007

Perros de presa (o el fascismo que viene)

En la noche fría de invierno dos perros de presa se enzarzan a grandes bocados. Los dos se orinaron por cada esquina del parque, marcando su territorio. Lo que no saben es que nada les pertenece, que nada tienen. Todo es del amo que desde hacía tiempo esperaba con gusto, paciente, la batalla fraticida. El amo se sienta a la mesa, presto a devorar los frutos de la batalla, y se ata una servilleta al cuello para no manchar su excelente traje de hilo. Apenas con la primera dentellada Jhonan vence a su oponente. El cuerpo de Juan permanece inerte junto a un charco de sangre tibia que se enfría con la noche...

Los abuelos de Juan vinieron a la capital hace ya muchos años. Trabajaron duro para salir de la chabola. El amo iba engordando mientras tanto. Consiguieron una casa fría, que al menos era de ellos. Ahora los padres de Juan viven en las afueras, en una ciudad dormitorio, en una casa que creen suya, pero que no les pertenece. Vuelve a ser propiedad del banco, de los promotores inmobilarios, propiedad del amo. El padre de Juan trabaja de sol a sol; su madre también. La mayor parte del tiempo la casa hipotecada está vacía, qué absurdo. Y Juan en el parque, educándose a sí mismo a sus 16 añitos. Mejor se está en el parque que en el instituto: partidos de fútbol interminables, unas litronas, pibitas wapas, wapas... y unos petas. Su vieja fregando escaleras, y cada día se la folla el amo. Mientras tanto Juan, que es el mejor, se bebe el mundo...

Los padres de Jhonan llegaron al suburbio hace apenas unos años. Dejaron a su Jhonan allende los mares, con la esperanza de traerlo más adelante. Con una mano delante y otra detrás, vinieron para comerse el mundo. Ahora sirven a trabajos forzados en el andamio o paran limpiandole el culo a los viejitos locales. Comparten un piso, también propiedad del amo, con unos compatriotas alcohilizados que se hacen insufribles. Consiguieron juntar un poco de plata y traer a su Jhonan. Jhonan se aburre en el instituto, no entiende nada... Prefiere mejor el parque, los partidos de básket, unos litros, y sus amigos latinos. Su madre limpiando culos, pero él se siente un príncipe con sus zapatillas de marca compradas al amo, y ese celular que robó a un pringao que se atrevió a mirarle.

Como todas las tardes, Juan queda con los colegas en el parque, para jugar un partidito de fútbol. Cuando llegan, Jhonan y los suyos juegan al básket en la misma cancha. Los dos príncipes de la mierda se miran desafiantes. Ninguno cede; este es su territorio, y alguien sobra. Los dos perros de presa se tiran las dentelladas. El amo se frota la manos: empieza la fiesta.

Arde Manchester, arde París. Ahora es el turno de Alcorcón. Y lo que venga... El amo tiene la mesa y el mantel preparados: los desheredados, una vez más le servirán la comida en bandeja; qué ignorantes. Cuando venga la crisis y el paro, nadie hablará de hipotecas, de niños llave, de recortes sociales, de justicia social, de repartición de la renta, de trabajo digno... Sólo hablarán de inmigrantes, de negros, de latinos, de latin king, ñetas, mafias, delincuencia, de que España es para los españoles. Qué estúpidos borregos, tan ignorantes como siempre, serviles perros de presa... Volverán a arder los suburbios de París. Y para el puto amo, será el tiempo de la cosecha. Es el fascismo que viene...

16 de enero de 2007

Tu padre tiene el mando, y ellos los saben...

Televisor antiguo
Foto por tomislav medak

Ya sé que... bueno... 36 años son suficientes como para que uno ya esté fuera del nido paterno. Pero claro, como cada cual, yo también tengo mis excusas: bajos sueldos, altos alquileres, alto precio de la vivienda, poca oferta, mucha demanda, especulación inmobiliaria... Vamos, el problema que está afectando a casi toda mi generación. No hay opción: casarse con el banco, mantener a un rentista, o convivir con un cualquiera o con un familiar.

Vamos a ver, dónde sitúo a mi generación... Años 60-70, desarrollismo, baby boom... ahí nací yo. Y unos cuantos más como yo...

Recuerdo que en el colegio, en mi clase, éramos más de 40 alumnos. Como nacimos tantos... Luego vino la universidad, no sé por qué, porque yo debería haber sido un buen fontanero ganando una buena pasta, o algo así. Pero estudié. En la universidad, éramos tantos que bueno... acabé haciendo agrícolas, que en otra parte no me pude colar. ¿Y qué hace un recién graduado perito agrícola, hijo del baby boom, en este Madrid sin campos de lechugas? Pues trabajar de peón jardinero, claro...

El caso es que ni mi mente ni mis manos de señorito se adaptaron demasiado bien a esto de abrir zanjas con la azada. Cursos y más cursos del paro, los fondos comunitarios invitan, hasta convertirme en todo un diseñador multimedia, un infógrafo, o algo así, sin ninguna experiencia. 30 años. Jooooooder. ¿Ven cómo yo nunca tuve prisa?

El año pasando, leyendo un artículo, me enteré que lo peor está por llegar: me jubilaré de viejito con una mísera pensión, porque papá Estado nunca podrá pagar una pensión digna a tantos hijos de baby boom. Abuelitos boom, seremos entonces...

Pero volviendo a donde empezamos. Aquí sigo, en casa de mi padre. Ahora tengo una habitación para mí solo, dinero para viajar, una cama, un ordenador... Vamos, que soy rico. Todo mi patrimonio cabe en una habitación, pero yo sé que soy rico, porque si uno se detiene a observar cómo está el mundo, yo soy rico. No mucho, no muy rico, pero rico al fin y al cabo.

En este reino propio que es mi habitación, bueno, la que me presta mi padre, todo está controlao. Controlao por mí, vamos.

¿Pero qué pasa en los territorios comunes de la casa? Pues qué va a pasar: que ahí manda mi padre. Y es aquí donde quería llegar. En el comedor, el mando de la tele lo tiene mi padre. Mi padre y los padres de todos los hijos de la generación del baby boom. ¿Y por qué en la tele sólo ponen esa basura de programas que sólo gustan a nuestros viejos? Pues porque los de la tele saben quién tiene el mando, joder. Los amos de la televisión saben que el mando a distancia lo tienen nuestros padres.

Así que no hay esperanza alguna. No esperéis nada de cultura en la televisión: el pograma de Ana Rosa, Mira quién baila, El gran hermano, Operación triunfos... Esas cosas gustan sobre todo a nuestros padres, y lo peor de todo es que los otros, los de la tele, lo saben...

6 de enero de 2007

Noche de Reyes Magos


Rey mago como perdido
Hay quien es feliz con su ignorancia. A mí me duele el estado del mundo y de las cosas. Qué le voy a hacer si soy de los que prefiero saber siempre la verdad aunque sea dolorosa. Siempre me dijeron que soy un tipo pesimista, pero bueno: yo más bien digo de mí mismo que me gusta buscarle tres pies al gato. En ocasiones me he dado cuenta de que las cosas no eran tal y como me las contaban, sino más bien se parecían bien poco. "Vete por la sombra, no te vaya a dar el sol y percibas las cosas de forma distinta a como son". Pero claro, tampoco hay que creer del todo a esos paranoicos que parecen ver en cada asunto una conspiración del ejército, la CIA, el gobierno, o qué sé yo...

"El saber os hará libres", no sé ni dónde ni cuándo se inventaron eso, pero yo creo en ello a pies juntillas (a menos que venga el cabrón de tu cole y te agarre por el cuello, claro). Pero la libertad no nos hace necesariamente felices. En ocasiones, más bien ocurre lo contrario. Si hemos de escoger, que preferiríamos: ¿ser felices e ignorantes, o ser infelices y unos sabios libres? Lean "Un mundo feliz", de Aldous Huxley. Yo creo que lo tengo claro... o no. O sí: creo que prefiero ser un hombre libre, totalmente consciente de todo lo que ocurre y me influye. Prefiero elegir mi propio camino, más que los caminos de felicidad de papel celofán en los que algunos nos envuelven...

Yo observo el mundo y pienso. Y veo que aquí todos bailan, mientras en otros lugares, aquí mismo, otros lloran. Nuestro consumo es tal que no quedará nada para nuestros hijos o nietos: ni las migas. Preferimos bailar y no saberlo. Disfrutamos con nuestro equipo de fútbol favorito, mataríamos por sus colores, y mientras el presidente de turno lleva el club a la ruina. Y de paso se enriquece a costa nuestra con la especulación inmobiliaria. Cada mes medio sueldo es para pagarle la letra del piso, pero preferimos no saberlo. El camarero inmigrante gana una mierda y le tratan mal. Creo que todos preferimos no saber que escupió en la hamburguesa que ahora nos sirve con una estúpida sonrisa: "señor: su hamburguesa :o) ".

Me indigna la felicidad de los estúpidos cuando es a costa de un tercero: del planeta, de la miseria del tercer mundo, del futuro de nuestros hijos...

Pero hoy es la noche en que vienen los Reyes Magos cargados de regalos. Bueno; eso es lo que me contaban mis padres. Un día me dijeron que no eran los Reyes los que dejaban los regalos, sino ellos mismos. Ellos mismos se pimplaban el anís y los polvorones que les habíamos dejado la noche anterior. Pero hasta ese día en que me llegaron el gran secreto, fui un niño ignorante y feliz. Y la verdad, es que esta noche para mí sigue siendo como mágica. A pesar de que es la noche de la gran mentira, quizá no me importaría seguir creyendo en los Reyes Magos una noche más...

La excepción confirma la regla, y todo es relativo. Prefiero ser un sabio libre y algo infeliz, a ser un estúpido glotón. Menos en la noche de Reyes Magos, en la que no me importa ser engañado a cambio de un poquito de felicidad. Creo que debo irme a dormir ya; si me encuentran aquí despierto, me parece que me voy a quedar sin regalos. Porque yo me he portado bien este año, ¿no?

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